“Hay un gran desconcierto en el Gabinete, nadie sabe bien qué hacer y cada uno corre para un lado distinto”. La confesión hecha por un hombre muy cercano a la cúpula del poder kirchnerista reflejó la imagen que dejó esta semana la intimidad del Gobierno. Desarticulado, con líneas de comunicación interrumpidas, y sin reacción ante un frente de crisis que escala.
En este contexto resurgieron con mucha fuerza los rumores sobre posibles renuncias de ministros, que sólo fueron morigeradas por una razón de lógica: no conviene hacer un movimiento brusco ahora, con un impacto negativo en la opinión pública, cuando en un plazo de dos meses se pueden realizar los mismos movimientos, en modo mucho menos traumático, como parte del armado de las listas electorales.
Esta semana el más afectado por los rumores fue el jefe de Gabinete, Sergio Massa, a quien durante un par de días muchos dieron fuera del Gabinete. El funcionario contribuyó a alimentar las versiones al desaparecer de la escena pública, una conducta que se notó fácilmente por tratarse de un hombre acostumbrado a la exposición. “Quiere mantener un bajo perfil, sin mostrarse tanto”, explicó un vocero.
Las luces amarillas se encendieron tras dos episodios concretos. El primero fue el lunes, durante el anuncio del aumento de las jubilaciones. En esa ocasión los protagonistas fueron el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y Amado Boudou, delfín de Massa, hoy al frente del ANSES. Pero el jefe de Gabinete, quien ganó prominencia justamente por el tema jubilaciones, estuvo ausente. El segundo acto se produjo el martes, cuando en la crucial reunión con la Mesa de Enlace aparecieron los ministros de Producción, Débora Giorgi, y del Interior, Florencio Randazzo, y el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi. “¿Qué tenía que hacer ahí Randazzo?. El año pasado ahí se sentó Alberto (Fernández)”, espoleó otro hombre del Gabinete, a sabiendas de que de ese modo subrayaba la ausencia del jefe de ministros. La imagen de ese día confirmó cuánto creció Randazzo en la consideración presidencial. También demostró que Boudou hoy cotiza mejor que su mentor político.
No es un dato nuevo que Massa no goza de la simpatía de Néstor Kirchner por su alto perfil público y por expresarse como un “cristinista” que elude la autoridad del líder del PJ. Pero ahora su situación es más delicada. Una fuente de la Casa Rosada confió a este diario que está “deprimido” por esta situación. A sus íntimos les confesó que desearía volver a la intendencia de Tigre, pero sabe que no tiene margen para ello. “Hoy Kirchner está convencido de ser candidato, y piensa en Massa y en (Graciela) Ocaña como sus compañeros porque pueden sumar votos”, explicó un operador de la Casa Rosada.
Ocaña tampoco superó el tembladeral. La semana pasada debió rescatarla Cristina de la embestida que inició Hugo Moyano, con el guiño de Kirchner, por la auditoría de un fondo de 100 millones de las obras sociales. Esta semana optó por recluirse, pero su situación no dejó de ser inestable. La ministra de Salud se siente aislada y con un respaldo débil. Sólo comparte con Massa su incertidumbre en frecuentes diálogos telefónicos. La única diferencia es que Ocaña no ve la hora de emigrar del Gobierno y está satisfecha con volver al Congreso.
“Para todas estas situaciones antes estaba Alberto, quien ejercía una tarea de contención. Hoy están todos sin brújula. Aníbal (Fernández) se abrió de casi todo, Taiana fue a Brasil por el tema exportaciones y no habló, Carlos Fernández no dice nada sobre la crisis ”, resumió a PERFIL un funcionario kirchnerista.
La novedad en todo caso es que tampoco Julio De Vido –histórico contrapeso y rival de Alberto– se encuentra en un momento ideal. Quedó profundamente jaqueado por la revelación de sus conversaciones secretas con el titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati. El era el negociador privilegiado con empresarios, industriales y contratistas. Hoy está en una situación incómoda porque perdió confiabilidad ante sus interlocutores. Por eso también decidió apartarse de algunas cuestiones críticas para los Kirchner, aunque sea temporalmente.
Como producto de esta situación, creció últimamente la figura de Roberto Baratta, el subsecretario de Coordinación y Control de Gestión. “La última vez que necesitamos hacerle llegar un mensaje a Kirchner nos dijeron que hablemos con él y obtuvimos respuesta inmediatamente”, comentó un hombre de la UIA que acostumbraba a tratar con De Vido.
Tambien en el área de comunicación reina la confusión. Todos se quejan de la estrategia mediática frente al campo, y de cómo se victimiza al vicepresidente Julio Cobos. La llegada de Alfredo Scocimarro a la Secretaría no logró hasta ahora resolver el tema.
Si bien no pertenece al Gobierno, también Martín Redrado tiene su retiro del Banco Central en mente. Para mediados de año planea desembarcar con un importante cargo en una universidad privada.
*FUENTE: perfil.com – 28/02/2009
En este contexto resurgieron con mucha fuerza los rumores sobre posibles renuncias de ministros, que sólo fueron morigeradas por una razón de lógica: no conviene hacer un movimiento brusco ahora, con un impacto negativo en la opinión pública, cuando en un plazo de dos meses se pueden realizar los mismos movimientos, en modo mucho menos traumático, como parte del armado de las listas electorales.
Esta semana el más afectado por los rumores fue el jefe de Gabinete, Sergio Massa, a quien durante un par de días muchos dieron fuera del Gabinete. El funcionario contribuyó a alimentar las versiones al desaparecer de la escena pública, una conducta que se notó fácilmente por tratarse de un hombre acostumbrado a la exposición. “Quiere mantener un bajo perfil, sin mostrarse tanto”, explicó un vocero.
Las luces amarillas se encendieron tras dos episodios concretos. El primero fue el lunes, durante el anuncio del aumento de las jubilaciones. En esa ocasión los protagonistas fueron el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y Amado Boudou, delfín de Massa, hoy al frente del ANSES. Pero el jefe de Gabinete, quien ganó prominencia justamente por el tema jubilaciones, estuvo ausente. El segundo acto se produjo el martes, cuando en la crucial reunión con la Mesa de Enlace aparecieron los ministros de Producción, Débora Giorgi, y del Interior, Florencio Randazzo, y el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi. “¿Qué tenía que hacer ahí Randazzo?. El año pasado ahí se sentó Alberto (Fernández)”, espoleó otro hombre del Gabinete, a sabiendas de que de ese modo subrayaba la ausencia del jefe de ministros. La imagen de ese día confirmó cuánto creció Randazzo en la consideración presidencial. También demostró que Boudou hoy cotiza mejor que su mentor político.
No es un dato nuevo que Massa no goza de la simpatía de Néstor Kirchner por su alto perfil público y por expresarse como un “cristinista” que elude la autoridad del líder del PJ. Pero ahora su situación es más delicada. Una fuente de la Casa Rosada confió a este diario que está “deprimido” por esta situación. A sus íntimos les confesó que desearía volver a la intendencia de Tigre, pero sabe que no tiene margen para ello. “Hoy Kirchner está convencido de ser candidato, y piensa en Massa y en (Graciela) Ocaña como sus compañeros porque pueden sumar votos”, explicó un operador de la Casa Rosada.
Ocaña tampoco superó el tembladeral. La semana pasada debió rescatarla Cristina de la embestida que inició Hugo Moyano, con el guiño de Kirchner, por la auditoría de un fondo de 100 millones de las obras sociales. Esta semana optó por recluirse, pero su situación no dejó de ser inestable. La ministra de Salud se siente aislada y con un respaldo débil. Sólo comparte con Massa su incertidumbre en frecuentes diálogos telefónicos. La única diferencia es que Ocaña no ve la hora de emigrar del Gobierno y está satisfecha con volver al Congreso.
“Para todas estas situaciones antes estaba Alberto, quien ejercía una tarea de contención. Hoy están todos sin brújula. Aníbal (Fernández) se abrió de casi todo, Taiana fue a Brasil por el tema exportaciones y no habló, Carlos Fernández no dice nada sobre la crisis ”, resumió a PERFIL un funcionario kirchnerista.
La novedad en todo caso es que tampoco Julio De Vido –histórico contrapeso y rival de Alberto– se encuentra en un momento ideal. Quedó profundamente jaqueado por la revelación de sus conversaciones secretas con el titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati. El era el negociador privilegiado con empresarios, industriales y contratistas. Hoy está en una situación incómoda porque perdió confiabilidad ante sus interlocutores. Por eso también decidió apartarse de algunas cuestiones críticas para los Kirchner, aunque sea temporalmente.
Como producto de esta situación, creció últimamente la figura de Roberto Baratta, el subsecretario de Coordinación y Control de Gestión. “La última vez que necesitamos hacerle llegar un mensaje a Kirchner nos dijeron que hablemos con él y obtuvimos respuesta inmediatamente”, comentó un hombre de la UIA que acostumbraba a tratar con De Vido.
Tambien en el área de comunicación reina la confusión. Todos se quejan de la estrategia mediática frente al campo, y de cómo se victimiza al vicepresidente Julio Cobos. La llegada de Alfredo Scocimarro a la Secretaría no logró hasta ahora resolver el tema.
Si bien no pertenece al Gobierno, también Martín Redrado tiene su retiro del Banco Central en mente. Para mediados de año planea desembarcar con un importante cargo en una universidad privada.
*FUENTE: perfil.com – 28/02/2009
