Por Fernando Laborda *
Dilucidar si el dinero que provenía de Venezuela en el avión de la empresa Enarsa estaba destinado a pagar una coima a funcionarios argentinos o era un generoso aporte a la campaña proselitista de Cristina Kirchner es casi una discusión sin sentido.
En cualquiera de los dos casos se trataría de un pago ilegal.
Y si hubiese sido una contribución a la campaña, obviamente en negro, pocas dudas deberían quedar de que igualmente estaríamos ante una coima o algo muy parecido.
Porque quien aporta tanto dinero a una fuerza política sin declararlo, normalmente está pagando algún favor que teme confesar o anticipándose a un premio que espera recibir. Por lo general, como fruto de un negocio poco transparente.
En última instancia, históricamente, todo dirigente político o funcionario que aspira a obtener una contraprestación económica a cambio de cualquier gestión o favor a una empresa, evitará hablar de coimas durante la negociación. Siempre tratará de hacerle creer a su interlocutor que aquello que reciba por sus servicios será un aporte para el partido, aunque el desembolso termine en sus bolsillos.
El valijagate nos remite a otro escándalo de corrupción, al que le cabe la misma pregunta: ¿coima o aporte de campaña?
Se trata del caso de las droguerías que ofrendaron cuantiosos recursos para la candidatura presidencial de Cristina Kirchner y que hoy están acusadas por robo de medicamentos y adulteración de facturas para cobrar subsidios del Estado. Empresas que debían ser controladas por una Superintendencia de Servicios de Salud, a cargo de la cual se hallaba y se halla el mismo funcionario a quien se le encomendó la recaudación de fondos para la campaña kirchnerista: Héctor Capaccioli.
En el último ejemplo, al menos el dinero llegó a destino. En cambio, los casi 800.000 dólares hallados en la valija que transportó Guido Antonini Wilson quedaron en Ezeiza y nadie sabe adónde fueron a parar los restantes 4 millones de dólares que, según el empresario venezolano, llegaron de Caracas.
*FUENTE: la nación.com – 25/09/2008
Dilucidar si el dinero que provenía de Venezuela en el avión de la empresa Enarsa estaba destinado a pagar una coima a funcionarios argentinos o era un generoso aporte a la campaña proselitista de Cristina Kirchner es casi una discusión sin sentido.
En cualquiera de los dos casos se trataría de un pago ilegal.
Y si hubiese sido una contribución a la campaña, obviamente en negro, pocas dudas deberían quedar de que igualmente estaríamos ante una coima o algo muy parecido.
Porque quien aporta tanto dinero a una fuerza política sin declararlo, normalmente está pagando algún favor que teme confesar o anticipándose a un premio que espera recibir. Por lo general, como fruto de un negocio poco transparente.
En última instancia, históricamente, todo dirigente político o funcionario que aspira a obtener una contraprestación económica a cambio de cualquier gestión o favor a una empresa, evitará hablar de coimas durante la negociación. Siempre tratará de hacerle creer a su interlocutor que aquello que reciba por sus servicios será un aporte para el partido, aunque el desembolso termine en sus bolsillos.
El valijagate nos remite a otro escándalo de corrupción, al que le cabe la misma pregunta: ¿coima o aporte de campaña?
Se trata del caso de las droguerías que ofrendaron cuantiosos recursos para la candidatura presidencial de Cristina Kirchner y que hoy están acusadas por robo de medicamentos y adulteración de facturas para cobrar subsidios del Estado. Empresas que debían ser controladas por una Superintendencia de Servicios de Salud, a cargo de la cual se hallaba y se halla el mismo funcionario a quien se le encomendó la recaudación de fondos para la campaña kirchnerista: Héctor Capaccioli.
En el último ejemplo, al menos el dinero llegó a destino. En cambio, los casi 800.000 dólares hallados en la valija que transportó Guido Antonini Wilson quedaron en Ezeiza y nadie sabe adónde fueron a parar los restantes 4 millones de dólares que, según el empresario venezolano, llegaron de Caracas.
*FUENTE: la nación.com – 25/09/2008
