Por Walter Edgardo Eckart
La esperanza tiene eso de que, aun en medio de los problemas, le dice a uno mismo y a una sociedad: “No se apresuren... esperen... todavía hay posibilidades...”
Suena agradable y es alentador, tanto para una persona como para la sociedad en su conjunto. Pero así como algunas décadas atrás nadie se iba a imaginar que la “ficción” podría llegar a ser superada por la “realidad”, hoy –pareciera que- el viejo dicho “la esperanza es lo último que se pierde” parece estar siendo jaqueado por esta especie de “intuición social” de que las cartas “ya están echadas”, y que “el tiempo” sólo servirá para que todo salga a la luz, con sus respectivas consecuencias.
En efecto, a partir del 11 de marzo, con la resolución 125 que afectó la rentabilidad de la soja, el campo salió a las rutas, descubrió su fuerza, amplió su protesta y comenzó a exigir nuevas políticas integrales para la leche, el trigo, la carne, etc.
Después de los primeros 22 días de paro (con la consabidas consecuencias), el tiempo de la “tregua” (plagado de reuniones infructuosas, agravios, mentiras poco disimuladas, dobles mensajes, amenazas, endurecimiento de posiciones), no sólo que de poco sirvió sino que, para peor, agravó el “conflicto” y, sobre todo, la “percepción” del mismo por parte de la sociedad.
Se comenzó a “reflotar” algunos conceptos esenciales de la vida democrática Argentina, como los expresados en la Constitución Nacional, es su Art. 1º, cuando dice “La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal, según la establece la presente Constitución”.
Y así, en el marco de la defensa de “lo republicano” y de lo “federal” (por contraposición a la postura centralista y casi “monárquica” del gobierno), la protesta del campo, con más adhesiones, con más ciudades del interior acompañando, cobró una dimensión tal que, hoy por hoy, sería difícil decir a qué grado de profundidad ha llegado.
Y si bien “defender lo federal” se transformó en algo común en cada discurso o manifestación campesina, gradualmente vieron la necesidad de recurrir a la dimensión “representativa”. Se dirigieron a gobernadores, legisladores, intendentes, concejales, pidiendo ser “atendidos” y “entendidos”, algunas veces con éxito y otras no.
¿El resultado?
Por parte del gobierno –y a medida que el conflicto se agudizaba- se percibió el “desconcierto”, como quién jamás esperó enfrentarse a semejante “bola de nieve”; se percibió el “enojo” y el “empecinamiento” en mostrar “el poder prestado” que tiene: “...tengo aguante... los voy a poner de rodillas...”, etc. Pero lo que es más grave: se percibió el “debilitamiento” del poder, expresada en términos de “disimuladas” internas dentro del propio Kirchnerismo y en la incapacidad de solucionar el conflicto “sin dar marcha atrás en nada”...
Del campo, por su parte, se percibió, la sorpresa de que estaban conquistado “la unidad”; el descreimiento del discurso oficial, el gozo por “haber salido del anonimato nacional”; la preocupación creciente por lo que pueda pasar en el futuro, no sólo en la relación campo-gobierno, sino sobretodo en la relación campo-país.
Por parte de los industriales fue inevitable ver la preocupación por la caída de sus ganancias, sobre todo si el conflicto se prolonga en el tiempo.
Por parte de la sociedad en general, una mezcla de bronca por las dificultades que causa el paro, pero al mismo tiempo una mayor conciencia de la problemática.
Como sea, el cuadro general de problemas graves que se dan en el país, (y no sólo los referidos al campo, sino también los referidos a varios otros aspectos, como el de la creciente inflación, los dibujos del Indec, la cuestión energética, la persistencia en controlar los contenidos de prensa, la desocupación, la pobreza,... y hasta los del tren bala.... etc.), ha pintado un escenario nacional demasiado ensombrecido, en el cual es cada vez más difícil “ver” y menos “entender”.
En este contexto, pareciera, la “esperanza nacional de un país mejor” estaría ya en calidad de “nominada” y a un paso de ser “exportada cuando menos a la luna”, aunque, en carácter de excepción, “sin ningún tipo de retención”....
Ojalá que no....
