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viernes, 3 de abril de 2009

La despedida fue el hecho político más importante de la era K *


Las honras fúnebres de Raúl Alfonsín, su último recorrido por este mundo, desde el Congreso hacia el cementerio de la Recoleta, escoltado por su familia, sus dirigentes, los granaderos y las fanfarrias y sobre todo por más de cien mil personas que aclamaban por la materialización de los valores republicanos que simboliza su nombre se transformaron en un histórico acto político, de alto tono opositor, capitalizado por la Unión Cívica Radical (UCR).

Al mediodía, en el Congreso, la cúpula de la UCR envió el primer mensaje a la Quinta de Olivos: se mostró unida. Una hilera de dirigentes acompañó a la cureña que trasladó los restos de Alfonsín hacia la Recoleta: el vicepresidente Julio Cobos caminó pegado al jefe del bloque radical de Diputados y titular del partido, Gerardo Morales, y al dirigente Federico Storani, representante del aparato bonaerense. Ese trío estaba distanciado hasta hace pocos meses. La vuelta de Cobos “al partido” es casi un hecho.


Momentos antes de esa caminata, Cobos, en uso de la Presidencia por el viaje de Cristina Kirchner a Londres, había despedido a Alfonsín con un discurso donde recordó su “voto no positivo” en el Senado: “Otra vez la historia me pone en una situación importante”. Miles de personas agitaron banderas rojas y blancas al grito de “¡Cobos Presidente!” (ver página 7). Además de Cobos, recordaron a Alfonsín el jefe de los senadores de la UCR, Ernesto Sanz; el diputado Morales; el ex presidente de Brasil, José Sarney, y el vice de Alfonsín, Víctor Martínez (ver nota aparte). El oficialismo tuvo como único orador al presidente de Diputados, Eduardo Fellner, quien se diferenció de los radicales al decir que “diálogo no significa siempre consenso, significa también disenso”. Ese primer acto terminó con una misa celebrada por el obispo de Santa Fe, José María Arancedo.

A las dos y diez empezó la segunda fase del funeral alfonsinista: el cuerpo del ex presidente fue acompañado desde el Congreso al cementerio por más de cien mil personas que caminaron a lo largo de la avenida Callao. La gente vivaba a Alfonsín y lanzaba claveles, rosas y calas sobre su féretro. Desde los balcones se asomaban los vecinos y algunos colgaban banderas. Cada tanto caían algunas gotas de lluvia. En el cielo sobrevolaban dos helicópteros.

La llegada de Alfonsín al cementerio fue caótica. El desborde de gente hizo que fuera imposible que los oradores dieran sus discursos en la puerta del lugar, como estaba previsto. Debieron hablar desde adentro.

El primero en hacerlo fue el titular de la UCR bonaerense, Daniel Salvador, quien aseguró que Alfonsín había triunfado porque “nunca más en la Argentina habrá interrupciones constitucionales”.

Sus correligionarios que le siguieron en el uso de la palabra lanzaron mensajes políticos más contundentes. Coti Nosiglia remarcó que el mensaje de Alfonsín era siempre el de la unidad: “Si hay una palabra que define su mensaje es ‘juntos’”. Nosiglia es el principal operador de la unificación partidaria, lo que incluye el regreso a la UCR de Cobos y la construcción de una alianza con la dirigente bonaerense Margarita Stolbizer, socia de Elisa Carrió.

Después fue el turno del ex presidente de Uruguay Julio María Sanguinetti, quien recordó que Alfonsín siempre “tuvo la predisposición para unir los intereses de la región, buscando saldar las diferencias históricas”. El día anterior, el actual presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, había dicho que a Alfonsín “sí lo quieren” en Uruguay, en obvia referencia a Néstor Kirchner, que impulsó el conflicto con el país vecino por la papelera Botnia.

Luego de Sanguinetti tomó la palabra Graciela Fernández Meijide, ex ministra y ex miembro de la Conadep. Dijo que con el tiempo comprendió por qué Alfonsín había impulsado las leyes de Obediencia Debida y Punto Final: “Un mandatario tiene que tomar decisiones pensando en el futuro”. El ex presidente del Senado Mario Losada, destacó “el reencuentro absoluto de Alfonsín con el pueblo”. El único peronista que despidió al ex presidente fue Antonio Cafiero (ver recuadro).

El anteúltimo en hablar fue el dirigente Leopoldo Moreau, el más duro contra los Kirchner: “Alfonsín no necesitó llegar a Presidente para luchar por los derechos humanos”, chicaneó, a la vez que analizó que el sepelio de Alfonsín “sirvió para reconciliar a una sociedad quebrada, fracturada y crispada”.

Cerró el acto un sentido Hipólito Solari Yrigoyen: “Hemos perdido al mejor hombre de nuestra generación”. Después de esas palabras, sin cámaras de televisión, la familia Alfonsín tuvo su instante de intimidad y enterró al ex presidente en la bóveda de los Caídos de la Revolución del Parque de 1890.

Desde afuera del cementerio se escucharon las salvas de artillería y luego la trompeta de un granadero hizo sonar un toque de silencio.
*FUENTE: Crítica de la Argentina – 03/04/2009

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martes, 31 de marzo de 2009

Despidiendo a un Ciudadano


Por Walter Edgardo Eckart
En la intimidad de su conciencia, realmente no sé de cuántas y cuales cosas Don Raúl Alfonsín pudo sentirse sana y humildemente orgulloso. Pero de una estoy seguro: de haber sido simplemente “un ciudadano”.
Y es que el ejercicio de lo político en su vida no sólo fue la expresión de una vocación auténtica al servicio del pueblo (con sus aciertos y errores); sino fundamentalmente la plenitud con la que consagró su “ser ciudadano”.

No interesa demasiado hacer una biografía, pero corresponde recordar algunas cosas.
Fue el mayor de los 6 hijos de Raúl Serafín Alfonsín y Ana María Foulkes, que eran pequeños comerciantes de Chascomús; como 6 fueron también los hijos que tuvo con su esposa María Lorenza Barreneche.

En sus años de niño-jóven, la primaria la hizo en la Escuela Normal Regional de Chascomús; y el secundario en el Liceo Militar General San Martín, obteniendo el grado de subteniente de reserva.

Un año después de casarse, se recibió de abogado en 1950, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata.

Ya siendo abogado y con apenas 23 años y algunos meses, la vida ciudadana y política del país no le resultó indiferente. En 1950, por ejemplo, ya estaba participando en lo que se conoció como el Movimiento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical. Tal vez estas primeras experiencias expliquen el inicio de la posterior insistencia con la que llamó una y otra vez a la juventud a participar de la vida política del país.

Después, claro, vino prácticamente todo lo demás. Desde aquella elección en el ’54, que en lo local le dio el puesto de concejal en Chascomús (sin imaginar que al año siguiente sería encarcelado por la Revolución Libertadora), hasta los acontecimientos de fines del ‘82, cuando se abrió el camino de transición a la democracia bajo la presidencia del general Bignone, y donde Alfonsín se convirtió, primero en presidente Universal de la Unión Cívica Radical; y luego, en candidato a la Presidencia de la Nación, logrando tal investidura el 30 de octubre de 1983, cuando triunfó en la elecciones nacionales obteniendo el 51,7% de los votos.

Pero entre aquel inicio de los años ’50 y su consagración como Presidente de los Argentinos, hubo un largo camino que tuvo que recorrer.

En el ‘58 fue electo diputado provincial en la Provincia de Buenos Aires y luego diputado nacional durante el gobierno radical de Arturo Illia entre ‘63 y ‘66, en el cual fue vicepresidente del Bloque de Diputados Nacionales de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). En el ‘65 elegido presidente del Comité Provincial de Buenos Aires de la UCRP. El 17 de noviembre del ‘66 y durante la dictadura de Onganía, fue detenido otra vez aunque por un breve tiempo, por haber reabierto el Comité de la Provincia.
En el ‘73, la Unión Cívica Radical perdió las elecciones ante Juan D. Perón. Aquí Raúl Alfonsín otra vez resultó electo como diputado nacional. Después, en mayo, Alfonsín amplió la extensión del sector que conducía para crear el Movimiento de Renovación y Cambio.

En el ‘75, tres meses antes del golpe militar que dio inicio a la dictadura conocida como Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), fue una de las personalidades que fundaron la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).

En el tiempo de la dictadura militar, prestó su servicios de abogado para defender y hacer las presentaciones de hábeas corpus por los detenidos y desaparecidos.

En el ‘82, ante la Guerra de las Malvinas, fue uno de los pocos políticos argentinos que se opuso a la acción militar en las Islas, exigiendo que el gobierno militar proveyera información verídica sobre la marcha del conflicto.

En diciembre del ‘83 cuando Raúl Alfonsín asumió la presidencia de la Nación en un marco socio político por demás complicado, su gobierno debió enfrentar dos grandes grupos de problemas: la consolidación de la democracia y la relación con las Fuerzas Armadas. Pero además, hay que recordar, todas las acciones de gobierno estaban condicionadas por la inflación y la crisis de la deuda.

Pero como si fuera poco, su gobierno (de hecho) estuvo también permanentemente amenazado por sectores de las Fuerzas Armadas, que se negaban a aceptar el enjuiciamiento por violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar anterior.

En fin. El resto de la historia más reciente la conocemos todos, con sus aciertos y bemoles..

Pero... hoy, 31 de marzo, cuando se nos acaba de informar sobre su muerte ocurrida poco después de las 20; y cuando el Vicepresidente Cobos, en ejercicio de la Presidencia, declara tres días de duelo nacional como expresión del dolor argentino por la partida de quien es considerado como el “padre de la democracia”; y cuando ya el mundo y dolorosamente, también se hizo eco del impacto de su muerte.... a nosotros... argentinos.... ¿Qué reflexión se nos impone?

No se. En lo personal creo que, más allá de cualquier signo político, hay mucho por rescatar.
Alfonsín fue un hombre simple y honesto. Y fue, al mismo tiempo, un simple ciudadano, que quiso y supo coronar su condición de tal con el mayor y más sagrado de los servicios al pueblo: ser la primera referencia institucional que debía guiarlo, con humildad, con aciertos y yerros, pero siempre en pos de la defensa de lo institucional, de lo federal y...claro... de la democracia...-

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