Cargando
ATENCIÓN:
Estamos Rediseñando la estructura y estética de ChacoMundo. Sepan disculpar algunos atrasos en la actualización de la página.
Gracias.
La gente de ChacoMundo
Portada Opiniones Provinciales Nacionales El Mundo Generales Contacto
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Actualidad Informativa

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------

martes, 31 de marzo de 2009

Despidiendo a un Ciudadano


Por Walter Edgardo Eckart
En la intimidad de su conciencia, realmente no sé de cuántas y cuales cosas Don Raúl Alfonsín pudo sentirse sana y humildemente orgulloso. Pero de una estoy seguro: de haber sido simplemente “un ciudadano”.
Y es que el ejercicio de lo político en su vida no sólo fue la expresión de una vocación auténtica al servicio del pueblo (con sus aciertos y errores); sino fundamentalmente la plenitud con la que consagró su “ser ciudadano”.

No interesa demasiado hacer una biografía, pero corresponde recordar algunas cosas.
Fue el mayor de los 6 hijos de Raúl Serafín Alfonsín y Ana María Foulkes, que eran pequeños comerciantes de Chascomús; como 6 fueron también los hijos que tuvo con su esposa María Lorenza Barreneche.

En sus años de niño-jóven, la primaria la hizo en la Escuela Normal Regional de Chascomús; y el secundario en el Liceo Militar General San Martín, obteniendo el grado de subteniente de reserva.

Un año después de casarse, se recibió de abogado en 1950, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata.

Ya siendo abogado y con apenas 23 años y algunos meses, la vida ciudadana y política del país no le resultó indiferente. En 1950, por ejemplo, ya estaba participando en lo que se conoció como el Movimiento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical. Tal vez estas primeras experiencias expliquen el inicio de la posterior insistencia con la que llamó una y otra vez a la juventud a participar de la vida política del país.

Después, claro, vino prácticamente todo lo demás. Desde aquella elección en el ’54, que en lo local le dio el puesto de concejal en Chascomús (sin imaginar que al año siguiente sería encarcelado por la Revolución Libertadora), hasta los acontecimientos de fines del ‘82, cuando se abrió el camino de transición a la democracia bajo la presidencia del general Bignone, y donde Alfonsín se convirtió, primero en presidente Universal de la Unión Cívica Radical; y luego, en candidato a la Presidencia de la Nación, logrando tal investidura el 30 de octubre de 1983, cuando triunfó en la elecciones nacionales obteniendo el 51,7% de los votos.

Pero entre aquel inicio de los años ’50 y su consagración como Presidente de los Argentinos, hubo un largo camino que tuvo que recorrer.

En el ‘58 fue electo diputado provincial en la Provincia de Buenos Aires y luego diputado nacional durante el gobierno radical de Arturo Illia entre ‘63 y ‘66, en el cual fue vicepresidente del Bloque de Diputados Nacionales de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). En el ‘65 elegido presidente del Comité Provincial de Buenos Aires de la UCRP. El 17 de noviembre del ‘66 y durante la dictadura de Onganía, fue detenido otra vez aunque por un breve tiempo, por haber reabierto el Comité de la Provincia.
En el ‘73, la Unión Cívica Radical perdió las elecciones ante Juan D. Perón. Aquí Raúl Alfonsín otra vez resultó electo como diputado nacional. Después, en mayo, Alfonsín amplió la extensión del sector que conducía para crear el Movimiento de Renovación y Cambio.

En el ‘75, tres meses antes del golpe militar que dio inicio a la dictadura conocida como Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), fue una de las personalidades que fundaron la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).

En el tiempo de la dictadura militar, prestó su servicios de abogado para defender y hacer las presentaciones de hábeas corpus por los detenidos y desaparecidos.

En el ‘82, ante la Guerra de las Malvinas, fue uno de los pocos políticos argentinos que se opuso a la acción militar en las Islas, exigiendo que el gobierno militar proveyera información verídica sobre la marcha del conflicto.

En diciembre del ‘83 cuando Raúl Alfonsín asumió la presidencia de la Nación en un marco socio político por demás complicado, su gobierno debió enfrentar dos grandes grupos de problemas: la consolidación de la democracia y la relación con las Fuerzas Armadas. Pero además, hay que recordar, todas las acciones de gobierno estaban condicionadas por la inflación y la crisis de la deuda.

Pero como si fuera poco, su gobierno (de hecho) estuvo también permanentemente amenazado por sectores de las Fuerzas Armadas, que se negaban a aceptar el enjuiciamiento por violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar anterior.

En fin. El resto de la historia más reciente la conocemos todos, con sus aciertos y bemoles..

Pero... hoy, 31 de marzo, cuando se nos acaba de informar sobre su muerte ocurrida poco después de las 20; y cuando el Vicepresidente Cobos, en ejercicio de la Presidencia, declara tres días de duelo nacional como expresión del dolor argentino por la partida de quien es considerado como el “padre de la democracia”; y cuando ya el mundo y dolorosamente, también se hizo eco del impacto de su muerte.... a nosotros... argentinos.... ¿Qué reflexión se nos impone?

No se. En lo personal creo que, más allá de cualquier signo político, hay mucho por rescatar.
Alfonsín fue un hombre simple y honesto. Y fue, al mismo tiempo, un simple ciudadano, que quiso y supo coronar su condición de tal con el mayor y más sagrado de los servicios al pueblo: ser la primera referencia institucional que debía guiarlo, con humildad, con aciertos y yerros, pero siempre en pos de la defensa de lo institucional, de lo federal y...claro... de la democracia...-