Por el Dr. Marcos Daniel Zeniquel
e-mail:drmarcoszeniquel@hotmail.com.
Celular: 3722 – 15 51 47 40.
Este es un testimonio basado en hechos reales de pacientes y amigos que expresan sus vivencias en la consulta médica y algunos textos extractados de un escrito del Dr. Adrián Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana.
Con el menor ánimo de divulgar privacidad, cualquier hecho que se asemeje con la realidad es pura coincidencia.
Toda separación, aunque ésta haya sido deseada, de común y pacífico acuerdo, siempre es traumática. Son muchos los cambios internos y externos a los que la persona se ve sometida. Si se analiza la escala de evaluación de estrés, la separación matrimonial se encuentra ubicada en segundo lugar. Cambian el entorno, la relación con los vecinos, con los amigos y los hijos, acechan la soledad y “el volver a empezar”, y además quedan el dolor por el fracaso, el temor a no volver a formar pareja y el reinicio de la vida sexual.
En esto no hay reglas y sí infinitas variaciones. El primer dato a tener en cuenta es cómo fue la vida sexual de esa pareja que se deshizo, porque eso también condiciona. Si era relativamente satisfactoria quedará una cierta nostalgia, con la añoranza de los códigos comunes y los placeres vividos, que muchas veces entrará en colisión con nuevas relaciones encaradas.
Volver A Empezar.
Un paciente me consultó por una disfunción erectiva situacional que se le presentaba con una mujer separada; ella le decía que “como el ex marido nadie la había satisfecho porque había sido un gran amante”. El pensaba: “¿Qué tendré que hacer yo para satisfacerla?”, entrando en competencia con el amante idealizado en una batalla en la cual termino derrotado.
Para estos divorciados el “amante perfecto que él o ella era” siempre será un referente con el cual comparar y, como en toda comparación, una cosa es hacerlo con algo que andaba mal y una muy distinta hacerlo con lo que marchaba bien. Una fantasía popular sostiene que todos los que se separan “se llevaban mal en la cama”. Esto no es cierto, ya que hay parejas que se separan a pesar de tener muy buenas relaciones eróticas, y otras que permanecen juntas a pesar de que sean insatisfactorias o nulas. En los primeros, si el fin de la pareja no ha sido tormentoso, luego del divorcio se suele transitar por una etapa idílica. Incluso con el estímulo –explícito o no- de la aparición de terceros o cuartos.
Aunque esta situación sea imaginaria, funciona como un ingrediente erótico, además del adiós transitorio a la cotidianeidad y la rutina; ambos integrantes se preparan bien para los encuentros y se esperan como dos novios recientes. Un paciente me decía: “Ahora que nos separamos, cuando nos encontramos mi esposo viene vestido como nunca antes, se perfuma con fragancias importadas y me trae regalos; cuando convivíamos ni una flor me regalaba”. En estas situaciones, algunas veces se recompone el vínculo y otras quedan como amantes por un tiempo o se llega a la separación final.
Cuando la separación se da en una pareja que fue desgraciada en su vida sexual o francamente disfuncional –padecieron disfunción eréctil, eyaculación precoz, anorgasmia, falta de deseo, vaginismo, fobias sexuales o mas simplemente, falta de entendimiento o desvalorización-, hay un gran temor a volver a fallar. Esto genera un miedo anticipatorio, que puede a su vez engendrar nuevos fracasos y condicionar el devenir erótico sexual de los ex cónyuges. El recuerdo de una vida insatisfactoria y disfuncional será una seria restricción para una posible vuelta; aunque hubo casos en los que una terapia sexual o de pareja recompuso el vínculo, algo que quizás no hubiera sido posible de otra manera.
e-mail:drmarcoszeniquel@hotmail.com.
Celular: 3722 – 15 51 47 40.
Este es un testimonio basado en hechos reales de pacientes y amigos que expresan sus vivencias en la consulta médica y algunos textos extractados de un escrito del Dr. Adrián Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana.
Con el menor ánimo de divulgar privacidad, cualquier hecho que se asemeje con la realidad es pura coincidencia.
Toda separación, aunque ésta haya sido deseada, de común y pacífico acuerdo, siempre es traumática. Son muchos los cambios internos y externos a los que la persona se ve sometida. Si se analiza la escala de evaluación de estrés, la separación matrimonial se encuentra ubicada en segundo lugar. Cambian el entorno, la relación con los vecinos, con los amigos y los hijos, acechan la soledad y “el volver a empezar”, y además quedan el dolor por el fracaso, el temor a no volver a formar pareja y el reinicio de la vida sexual.
En esto no hay reglas y sí infinitas variaciones. El primer dato a tener en cuenta es cómo fue la vida sexual de esa pareja que se deshizo, porque eso también condiciona. Si era relativamente satisfactoria quedará una cierta nostalgia, con la añoranza de los códigos comunes y los placeres vividos, que muchas veces entrará en colisión con nuevas relaciones encaradas.
Volver A Empezar.
Un paciente me consultó por una disfunción erectiva situacional que se le presentaba con una mujer separada; ella le decía que “como el ex marido nadie la había satisfecho porque había sido un gran amante”. El pensaba: “¿Qué tendré que hacer yo para satisfacerla?”, entrando en competencia con el amante idealizado en una batalla en la cual termino derrotado.
Para estos divorciados el “amante perfecto que él o ella era” siempre será un referente con el cual comparar y, como en toda comparación, una cosa es hacerlo con algo que andaba mal y una muy distinta hacerlo con lo que marchaba bien. Una fantasía popular sostiene que todos los que se separan “se llevaban mal en la cama”. Esto no es cierto, ya que hay parejas que se separan a pesar de tener muy buenas relaciones eróticas, y otras que permanecen juntas a pesar de que sean insatisfactorias o nulas. En los primeros, si el fin de la pareja no ha sido tormentoso, luego del divorcio se suele transitar por una etapa idílica. Incluso con el estímulo –explícito o no- de la aparición de terceros o cuartos.
Aunque esta situación sea imaginaria, funciona como un ingrediente erótico, además del adiós transitorio a la cotidianeidad y la rutina; ambos integrantes se preparan bien para los encuentros y se esperan como dos novios recientes. Un paciente me decía: “Ahora que nos separamos, cuando nos encontramos mi esposo viene vestido como nunca antes, se perfuma con fragancias importadas y me trae regalos; cuando convivíamos ni una flor me regalaba”. En estas situaciones, algunas veces se recompone el vínculo y otras quedan como amantes por un tiempo o se llega a la separación final.
Cuando la separación se da en una pareja que fue desgraciada en su vida sexual o francamente disfuncional –padecieron disfunción eréctil, eyaculación precoz, anorgasmia, falta de deseo, vaginismo, fobias sexuales o mas simplemente, falta de entendimiento o desvalorización-, hay un gran temor a volver a fallar. Esto genera un miedo anticipatorio, que puede a su vez engendrar nuevos fracasos y condicionar el devenir erótico sexual de los ex cónyuges. El recuerdo de una vida insatisfactoria y disfuncional será una seria restricción para una posible vuelta; aunque hubo casos en los que una terapia sexual o de pareja recompuso el vínculo, algo que quizás no hubiera sido posible de otra manera.
