Por Walter Edgardo Eckart
Tanto la información nacional, referida a la macro economía Argentina, como algunos casos generales y, otros destacados puntualmente, en las provincias del Chaco, Sur de Santa Fe, Formosa, Corrientes y Misiones, dan cuenta de algunas variables que “supuestamente” se deberían “ajustar” para atenuar el “leve” impacto, fruto de la mezcla de la crisis mundial, por una parte; y por otra, de los desaciertos de una política totalmente argentina, que implica, entre otros aspectos, el “congelamiento” de las economías regionales, la merma en el consumo por parte de la gente común y corriente, y una hola de despidos, que tortura a muchos trabajadores, como si fuera un fantasma que revolotea diciendo: ”¡Cuidado!, puede pasar también acá”.
Frente a esto y desde mi condición de comerciante (como único instrumento de sustento que tengo), a lo largo de ésta semana me tomé el sencillo trabajo de chequear información concreta referida al Gran Resistencia. En primer lugar con aquellos que tienen relación directa o indirecta con mi rubro; y en segundo lugar, con quienes pertenecen a otros rubros (como despensas, kioscos, verdulerías, etc.), pero siempre con las mismas características: somos comercios de barriadas, no pertenecemos al micro centro, no trabajamos (en general) con tarjetas de crédito; y no somos comerciantes “grandes”, sino más bien “medianos” tirando en general a “chicos”.
Sobre un total de 174 consultas, charlas e intercambios de opiniones, los resultados obtenidos (no del todo exactos, como es obvio), fueron los siguientes:
En el último mes y medio, el 77% experimentó una merma progresiva y acumulativa en sus ventas del orden de 47,5%. En el caso de algunos “despenseros” (16,7%), el número fue menor, debido a que trabajan con “libretas”, aunque las dudas e incertidumbres crecen día a día, sobre la posibilidad de cobrar las mismas en los tiempos y formas pactadas.
En el mismo lapso, el 26% despidió al 37% de su personal (en promedio), abonándoles (en general) el salario correspondiente al último mes trabajado, pero habiendo convenido más plazo para abonar lo que corresponde a la “liquidación final”.
En el mismo lapso, de entre los comerciantes barriales con los se charló y consultó, y que tienen “cuenta corrientes en los bancos” (aproximadamente 9,4%), el 39,2% de ellos pasaron por la experiencia de cheques rechazados “por sin fondos suficientes en cuenta”.
En el mismo período, dos argumentos han sobresalido: por parte de los consumidores: 1) “No le puedo pagar porque me atrasé en la cuota del préstamo del banco, y me lo reclaman todos los días a la siesta; 2) “No puede pagar la tarjeta de crédito”, y me amenazan con mandarme al Veraz....Regularizo eso y le voy a pagar.
En fin: según los índices oficiales, nacionales y provinciales, la pobrezas decrece, la inflación es moderada y....en difinitiva todo está más o menos bien.
Sin embargo, cuando uno mira lo propio, la realidad más inmediata en la que está inmerso, sólo se percibe una cosa: hay una distancia muy grande entre las estadísticas, anuncios y promesas oficiales, y la realidad de cada día.
Tanto la información nacional, referida a la macro economía Argentina, como algunos casos generales y, otros destacados puntualmente, en las provincias del Chaco, Sur de Santa Fe, Formosa, Corrientes y Misiones, dan cuenta de algunas variables que “supuestamente” se deberían “ajustar” para atenuar el “leve” impacto, fruto de la mezcla de la crisis mundial, por una parte; y por otra, de los desaciertos de una política totalmente argentina, que implica, entre otros aspectos, el “congelamiento” de las economías regionales, la merma en el consumo por parte de la gente común y corriente, y una hola de despidos, que tortura a muchos trabajadores, como si fuera un fantasma que revolotea diciendo: ”¡Cuidado!, puede pasar también acá”.
Frente a esto y desde mi condición de comerciante (como único instrumento de sustento que tengo), a lo largo de ésta semana me tomé el sencillo trabajo de chequear información concreta referida al Gran Resistencia. En primer lugar con aquellos que tienen relación directa o indirecta con mi rubro; y en segundo lugar, con quienes pertenecen a otros rubros (como despensas, kioscos, verdulerías, etc.), pero siempre con las mismas características: somos comercios de barriadas, no pertenecemos al micro centro, no trabajamos (en general) con tarjetas de crédito; y no somos comerciantes “grandes”, sino más bien “medianos” tirando en general a “chicos”.
Sobre un total de 174 consultas, charlas e intercambios de opiniones, los resultados obtenidos (no del todo exactos, como es obvio), fueron los siguientes:
En el último mes y medio, el 77% experimentó una merma progresiva y acumulativa en sus ventas del orden de 47,5%. En el caso de algunos “despenseros” (16,7%), el número fue menor, debido a que trabajan con “libretas”, aunque las dudas e incertidumbres crecen día a día, sobre la posibilidad de cobrar las mismas en los tiempos y formas pactadas.
En el mismo lapso, el 26% despidió al 37% de su personal (en promedio), abonándoles (en general) el salario correspondiente al último mes trabajado, pero habiendo convenido más plazo para abonar lo que corresponde a la “liquidación final”.
En el mismo lapso, de entre los comerciantes barriales con los se charló y consultó, y que tienen “cuenta corrientes en los bancos” (aproximadamente 9,4%), el 39,2% de ellos pasaron por la experiencia de cheques rechazados “por sin fondos suficientes en cuenta”.
En el mismo período, dos argumentos han sobresalido: por parte de los consumidores: 1) “No le puedo pagar porque me atrasé en la cuota del préstamo del banco, y me lo reclaman todos los días a la siesta; 2) “No puede pagar la tarjeta de crédito”, y me amenazan con mandarme al Veraz....Regularizo eso y le voy a pagar.
En fin: según los índices oficiales, nacionales y provinciales, la pobrezas decrece, la inflación es moderada y....en difinitiva todo está más o menos bien.
Sin embargo, cuando uno mira lo propio, la realidad más inmediata en la que está inmerso, sólo se percibe una cosa: hay una distancia muy grande entre las estadísticas, anuncios y promesas oficiales, y la realidad de cada día.