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domingo, 26 de octubre de 2008

Mesianismo y Política


Por Walter Edgardo Eckart

La historia política de la mayoría de los países democráticos del mundo, transcurre de la mano de dos componentes que se alternan a través de los años, preponderando uno por sobre el otro, de tal modo que, por épocas, uno de estos factores predomina por sobre el otro, pero sin que éste último desaparezca.

Por una parte, está lo que podríamos llamar el componente de la “institucionalidad estadista”. Es cuando un gobernante, a veces no muy audaz en lo personal (aunque manteniendo una cuota necesaria de liderazgo), gobierna al país más bien descansando en la herramientas institucionales que el mismo estado le proporciona, y no tanto confiando en sus propios dotes personales.

Por otra, está el componente del “carisma” (del griego χάρισμα – jarisma), el cual se refiere normalmente a una especie de “capacidad singular”, a una “cualidad”, que poseen en forma natural ciertas personas (como líderes religiosos, políticos, etc.), en virtud de la cual pueden convencer fácilmente a sus seguidores, motivar casi sin esfuerzo la atención y la admiración de otros, gracias –precisamente- a esta capacidad casi magnética de su “personalidad” o de la “apariencia” que transmiten a la sociedad de la misma.


Pero el líder carismático, como contrapartida, está expuesto a un peligro que deviene de su propia condición: tan seguro se puede sentir respecto de lo que piensa, de lo que hace, y del control que ejerce sobre las masas, que puede tener la tentación de potenciar hasta el extremo sus convicciones y control del pueblo, al punto de cerrarse en si mismo, desechando todo lo sea en contrario, y asumir que posee tal grado de perfección que sólo él tiene las verdad en su mayor expresión humana, y que –por lo tanto- debe hace caso omiso a eventuales críticas o posturas distintas, y reafirmar “siempre” su propio criterio. Es cuando el “carisma” se degenera en la versión negativa del “mesianismo”.

En este sentido, un gobernante “carismático”, puede resultar para un pueblo, una especie de caja de Pandora. Si mantiene la “normalidad” puede, por ejemplo, revertir extraordinariamente las deficiencias y males de su país. Pero si se extralimita, “si se la cree”, comienza a ejercer un rol “mesiánico” que, casi indefectiblemente, traerá a corto, mediano o largo plazo, más males que los que ya tenía el país.

Tal vez Néstor Kirchner, en su juventud, pudo tener rasgos carismáticos que potenciaron su liderazgo político. Hoy, lo que parece sobresalir son sus rasgos “mesiánicos”, donde todo pasa por él, donde todo lo que él piensa “debe” estar necesariamente bien, donde las instituciones prácticamente son un “obstáculo”, y donde “su convicción” de una política concebida sólo bajo el criterio de “hacer caja”, exige -al menos- el silencio de sus seguidores mas cercanos.

Para tomar sólo lo de este año, algunos hechos puntuales como el conflicto con el campo, la cuestión de aerolíneas, ahora el de las AFJP, reflejan esta “conducta”, que parece agudizarse a cada momento. El carisma se degeneró en mesianismo. Se la creyó....

Ahora bien y paradógicamente: los kirchners algún día se irán. En el 2011, en el 2015 o vaya a saber cuando...pero ¿Quiénes los van a sustituir...? ¿Estará algún partido (o algún grupo de ellos) lo suficientemente preparados como asumir una Argentina que difícilmente salga “ilesa” del mesianismo kirchnerista...?