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miércoles, 24 de septiembre de 2008

La onda expansiva se sintió en Nueva York *


NUEVA YORK. Algo se quebró ayer en esta ciudad. En menos de 24 horas, la euforia de la comitiva presidencial por los anuncios económicos sobre la normalización de la deuda y por el fuerte discurso de Cristina Kirchner en las Naciones Unidas dio un giro de 180 grados, para transformarse, de golpe, en silencio y preocupación.
La sombra del venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson que se proyectaba desde Miami con sus revelaciones escandalosas había dejado de ser una amenaza para la visita presidencial, para convertirse, a media tarde, en una pésima novedad que golpea el corazón del poder.


Las revelaciones del venezolano que intentó ingresar la valija con 800.000 dólares en la Argentina, en agosto de 2007, llegaron en el peor momento. Cristina Kirchner tiene que cumplir tres días más de una agenda ambiciosa en esta ciudad, que tiene como principal objetivo la atracción de inversiones y la normalización de la deuda.
La información de Miami llegó al hotel Four Seasons, donde se aloja la Presidenta y su esposo, Néstor Kirchner, justo cuando Cristina Kirchner concluía su reunión con el presidente de Austria, Heinz Fischer, un viejo conocido suyo. El matrimonio presidencial estuvo al tanto de las novedades de inmediato, pero no merecieron "ningún comentario ni análisis", dijeron fuentes de la comitiva.
Sin embargo, eran inocultables las caras de preocupación en los integrantes de la delegación. El clima había cambiado por más esfuerzos que se hicieran por explicar lo contrario.
La aparición de Antonini opaca, de algún modo, la presentación de la Presidenta en la Asamblea de las Naciones Unidas, el máximo foro de la política mundial, donde pronunció un discurso con fuertes críticas a los Estados Unidos y cargado de ironías sobre la crisis financiera internacional.
En el entorno de la Presidenta se esforzaban anoche por rechazar cualquier preocupación sobre el impacto de la declaración de Antonini. Todavía flotaba en el aire la algarabía por los anuncios económicos y el recibimiento que merecieron en los mercados. Nadie quería romper ese romance con el mundo financiero, que la propia Presidenta había hecho trizas con sus ácidas críticas en el Consejo de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos y en la Asamblea de la ONU.
Mientras a 2145 kilómetros declaraba Antonini, Néstor Kirchner caminó por el lobby del hotel, saludó con un gesto y se ubicó en el bar. Estuvo solo unos instantes hasta que llegó su esposa. Permanecieron los dos, sin testigos, hablando durante unos minutos. Después, la Presidenta pidió una llamada y le pasaron el teléfono celular. Cuando cortó, se fue del hotel y, poco después, en Buenos Aires, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, daba la posición oficial sobre el caso Antonini.
"¿Nombró a alguien más que los nombres que ya se conocían?", preguntó a LA NACION un alto funcionario del Gobierno que había estado toda la tarde de reunión en reunión. Cuando se le dijo que no, respiró aliviado. No por eso se quedó tranquilo.
En el entorno del Gobierno reconocen que este escándalo de presunta corrupción no le hace nada bien a la administración de Cristina Kirchner, que había conseguido en las últimas horas dar un paso fundamental para romper el escepticismo de los mercados con un golpe de timón, que despeja del horizonte las preocupaciones de falta de financiamiento.
El escándalo de las valijas sigue siendo un asunto interno de la Argentina que ha debilitado las relaciones bilaterales con los Estados Unidos por las sospechas de que ha habido un guiño político a las investigaciones del FBI y del fiscal Mulvihill.
Mañana, en la mesa que ocupará Cristina Kirchner en el Consejo de las Américas seguramente estará sentado el subsecretario para América latina de los Estados Unidos, Thomas Shannon, un antiguo conocido de los Kirchner que siempre trató de mantener tendidos los puentes con la Argentina. El caso Antonini, tal vez, sobrevuele otra vez ese mediodía.
Por Jorge Rosales*
Enviado especial*
*FUENTE: lanacion.com – 24/09/2008