La Presidenta utilizó su oferta como una herramienta para mostrarse a contramano de la crisis de nervios que ataca a Wall Street. La obsesión de la comitiva fue que el mensaje oficial no fuera “mal comunicado”. Diego Genoud.
Cristina Fernández de Kirchner osciló ayer en Nueva York entre el optimismo y la euforia. La Presidenta apostó a inaugurar con un anuncio para los tenedores de bonos su visita a Estados Unidos. La primicia, como ella misma la definió, se la otorgó al Council on Foreign Relations, la entidad que rige la política exterior norteamericana.
Después, la comitiva oficial trató de cuidar los detalles de la nueva oferta y se mostró sumamente preocupada por la posibilidad de que fuera mal “comunicada”. Por eso, Cristina dejó que las precisiones se brindaran en Buenos Aires, donde el equipo del ministro de Economía, Carlos Fernández, se quedó trabajando. El anuncio se hizo sin la presencia del titular de la cartera, que llegará recién mañana a primera hora para cosechar repercusiones tardías.
Ante el Council, Cristina hizo un repaso de la situación política y económica de la Argentina a partir de 2001 y la comparó con la del país que aún gobierna George W. Bush. “En 2001, la caída de las Torres Gemelas abrió una nueva etapa en el mundo. Ese mismo año, se caía la Argentina tras haber sido una alumna directa de las políticas que dictaba el Consenso de Washington”, recordó. Su marido, Néstor Kirchner, asentía en primera fila.
En un discurso que se prolongó durante alrededor de 35 minutos, la primera mandataria argentina intentó hacerles ver a los halcones de la administración Bush que la Argentina pretende acompañar a Estados Unidos en su “lucha contra el terrorismo internacional y contra el narcotráfico”, pero remarcó que para eso hace falta un retorno a la multilateralidad. En palabras menos amables: el imperio debería asumir sus límites y abrir el juego a otras naciones.
La Presidenta cuestionó al gobierno norteamericano por utilizar instrumentos similares a los del terrorismo y afirmó que Latinoamérica está marcando el camino con la resolución de los conflictos entre Colombia y Ecuador, en marzo pasado, y con los enfrentamientos entre la "media luna" del oriente boliviano y el gobierno de Evo Morales ahora.
Como en el día de su llegada, los Kirchner se mantuvieron en comunicación permanente con la Argentina. El Presidente comenzó el día hablando con el jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga, quizá el hombre al que considera más leal. Por la tarde, la Presidenta llegó de la reunión con empresarios en la sede del Nasdaq conversando telefónicamente con el jefe de Gabinete, Sergio Massa, quien se comunicó a lo largo del día varias veces con el celular que atiende el secretario privado Isidro Bounine.
El matrimonio presidencial se movió ayer en una limusina gris metalizada Lincoln Town Car por las calles y avenidas atestadas de Nueva York. En una jornada nublada y por momentos ventosa, la ciudad se movió al ritmo vertiginoso de los días hábiles, y los autos atascados a lo largo de kilómetros complicaron el paso de la comitiva oficial.
A partir de las 15.30, una de las esquinas más representativas de Manhattan le cedió su pantalla electrónica a la Argentina: Times Square, donde se cruzan Broadway con la calle 42. El edificio de siete pisos del Nasdaq, donde cotizan las compañías de comunicaciones más importantes, es un escenario privilegiado, ubicado en una zona en la que los anuncios no bajan de un millón de dólares. Allí estuvo Cristina Fernández durante unos quince minutos. El embajador argentino en Estados Unidos, Héctor Timerman, se ocupó de que la trataran bien: se llevó elogios del CEO del Nasdaq, Robert Greifeld, por el crecimiento que mantendrá la economía argentina por sexto año consecutivo. A su turno, repitió el anuncio para los tenedores de bonos y se mostró simpática como pocas veces. Afuera, los peatones que pasaban no entendían el mensaje que se emitió sin traducción y subtitulado apenas con una aclaración: "In foreign language".
Hoy le espera a la Presidenta otro día cargado de actividad. Será la décima oradora en la Asamblea Anual de las Naciones Unidas y por la tarde concurrirá a la inauguración de la muestra de Abuelas de Plaza de Mayo en el edificio de la ONU. En el medio, se reunirá en el Four Seasons con el presidente de Austria, Heinz Fisher.
Para pagar también hay que pedir.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) analiza la posibilidad de facilitarle al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner un desembolso de unos 6 mil millones de dólares para todo su mandato. Eso fue lo que conversaron ayer en el salón del piso 33 del Hotel Four Seasons la presidenta argentina y el titular del organismo de crédito internacional, Luis Alberto Moreno.
Según fuentes del gobierno argentino, el monto podría ampliarse si la capacidad de préstamo de la entidad financiera se “regenera”.
Los fondos formarían parte de un programa de préstamos que se otorgarían una vez que el directorio del BID termine de evaluar la estrategia que desplegó durante el primer gobierno de los Kirchner. La administración K confía en que no habrá inconvenientes. De hecho, ya recibió a cuenta unos mil millones de dólares como parte del programa.
Los fondos serán destinados a programas sociales, obras de infraestructura y proyectos de ciencia y tecnología.
*FUENTE: Crítica de la Argentina (Versión Digital / Impresa) – 23/09/2008
Cristina Fernández de Kirchner osciló ayer en Nueva York entre el optimismo y la euforia. La Presidenta apostó a inaugurar con un anuncio para los tenedores de bonos su visita a Estados Unidos. La primicia, como ella misma la definió, se la otorgó al Council on Foreign Relations, la entidad que rige la política exterior norteamericana.
Después, la comitiva oficial trató de cuidar los detalles de la nueva oferta y se mostró sumamente preocupada por la posibilidad de que fuera mal “comunicada”. Por eso, Cristina dejó que las precisiones se brindaran en Buenos Aires, donde el equipo del ministro de Economía, Carlos Fernández, se quedó trabajando. El anuncio se hizo sin la presencia del titular de la cartera, que llegará recién mañana a primera hora para cosechar repercusiones tardías.
Ante el Council, Cristina hizo un repaso de la situación política y económica de la Argentina a partir de 2001 y la comparó con la del país que aún gobierna George W. Bush. “En 2001, la caída de las Torres Gemelas abrió una nueva etapa en el mundo. Ese mismo año, se caía la Argentina tras haber sido una alumna directa de las políticas que dictaba el Consenso de Washington”, recordó. Su marido, Néstor Kirchner, asentía en primera fila.
En un discurso que se prolongó durante alrededor de 35 minutos, la primera mandataria argentina intentó hacerles ver a los halcones de la administración Bush que la Argentina pretende acompañar a Estados Unidos en su “lucha contra el terrorismo internacional y contra el narcotráfico”, pero remarcó que para eso hace falta un retorno a la multilateralidad. En palabras menos amables: el imperio debería asumir sus límites y abrir el juego a otras naciones.
La Presidenta cuestionó al gobierno norteamericano por utilizar instrumentos similares a los del terrorismo y afirmó que Latinoamérica está marcando el camino con la resolución de los conflictos entre Colombia y Ecuador, en marzo pasado, y con los enfrentamientos entre la "media luna" del oriente boliviano y el gobierno de Evo Morales ahora.
Como en el día de su llegada, los Kirchner se mantuvieron en comunicación permanente con la Argentina. El Presidente comenzó el día hablando con el jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga, quizá el hombre al que considera más leal. Por la tarde, la Presidenta llegó de la reunión con empresarios en la sede del Nasdaq conversando telefónicamente con el jefe de Gabinete, Sergio Massa, quien se comunicó a lo largo del día varias veces con el celular que atiende el secretario privado Isidro Bounine.
El matrimonio presidencial se movió ayer en una limusina gris metalizada Lincoln Town Car por las calles y avenidas atestadas de Nueva York. En una jornada nublada y por momentos ventosa, la ciudad se movió al ritmo vertiginoso de los días hábiles, y los autos atascados a lo largo de kilómetros complicaron el paso de la comitiva oficial.
A partir de las 15.30, una de las esquinas más representativas de Manhattan le cedió su pantalla electrónica a la Argentina: Times Square, donde se cruzan Broadway con la calle 42. El edificio de siete pisos del Nasdaq, donde cotizan las compañías de comunicaciones más importantes, es un escenario privilegiado, ubicado en una zona en la que los anuncios no bajan de un millón de dólares. Allí estuvo Cristina Fernández durante unos quince minutos. El embajador argentino en Estados Unidos, Héctor Timerman, se ocupó de que la trataran bien: se llevó elogios del CEO del Nasdaq, Robert Greifeld, por el crecimiento que mantendrá la economía argentina por sexto año consecutivo. A su turno, repitió el anuncio para los tenedores de bonos y se mostró simpática como pocas veces. Afuera, los peatones que pasaban no entendían el mensaje que se emitió sin traducción y subtitulado apenas con una aclaración: "In foreign language".
Hoy le espera a la Presidenta otro día cargado de actividad. Será la décima oradora en la Asamblea Anual de las Naciones Unidas y por la tarde concurrirá a la inauguración de la muestra de Abuelas de Plaza de Mayo en el edificio de la ONU. En el medio, se reunirá en el Four Seasons con el presidente de Austria, Heinz Fisher.
Para pagar también hay que pedir.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) analiza la posibilidad de facilitarle al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner un desembolso de unos 6 mil millones de dólares para todo su mandato. Eso fue lo que conversaron ayer en el salón del piso 33 del Hotel Four Seasons la presidenta argentina y el titular del organismo de crédito internacional, Luis Alberto Moreno.
Según fuentes del gobierno argentino, el monto podría ampliarse si la capacidad de préstamo de la entidad financiera se “regenera”.
Los fondos formarían parte de un programa de préstamos que se otorgarían una vez que el directorio del BID termine de evaluar la estrategia que desplegó durante el primer gobierno de los Kirchner. La administración K confía en que no habrá inconvenientes. De hecho, ya recibió a cuenta unos mil millones de dólares como parte del programa.
Los fondos serán destinados a programas sociales, obras de infraestructura y proyectos de ciencia y tecnología.
*FUENTE: Crítica de la Argentina (Versión Digital / Impresa) – 23/09/2008
