Por Walter Edgardo Eckart
“Ningún gobernante quiere que le vaya mal...”. Esta frase popular obviamente no hace referencia a ninguna ley. Es simplemente el dictamen del sentido común. Y repugna al intelecto humano la sola idea de que un gobierno “se esmere”, por decirlo de algún modo, en que todo se complique innecesariamente.
La aparente “inentendible posición” del gobierno nacional frente al conflicto con el campo, comienza a plantear la idea de que, detrás de todo lo que se ve y se escucha, hay algo más, “distinto” de lo que se cree y hasta ahora enteramente “desconocido”.
En efecto, reducir la posición del gobierno a cuestiones como “no quiere retroceder...”, “no tiene capacidad de diálogo...”,”está mál asesorado...” y cosas por el estilo, aún siendo verdad, es precisamente eso: un “reduccionismo” que complica aún más el análisis de la ya delicada situación.
Nestor Kirchner no llegó a fundar en el 2003 el Frente Para la Victoria por ser incompetente; ni llegó al gobierno por ser falto de inteligencia; ni logró dividir a la oposición sólo por ser prepotente o soberbio. Por el contrario, demostró manejar una lógica política bien articulada que le permitió conseguir gradualmente sus objetivos, más allá de que sean éstos convenientes o no para la nación.
No es razonable suponer que, en cinco o seis meses, de pronto se haya vuelto casi autista, carente de toda inteligencia política de “largo plazo”.
“Ningún gobernante quiere que le vaya mal...”. Propiciar innecesariamente un desenlace peligroso, que dañaría gravemente al país pero también a su propio partido y socios, y especialmente a él mismo, al punto de que se hace cada vez más probable una eventual derrota electoral en el 2009, no tiene ningún sentido, a menos que haya motivos ocultos y de tal gravedad que lo justifique. Porque la otra posibilidad, la que queda, directamente estaría hablando ya de algún tipo de patología psicológica autodestructiva, que echaría por tierra casi todo lo que él mismo consiguió....
Como sea, la urgencia que se tiene de pacificar el país, como escenario necesario para resolver el actual conflicto, que ya ha ido más allá de los límites del sector agrario, requerirá del esfuerzo y la cordura de todos, especialmente del propio sector productivo y de la oposición, porque del gobierno –pareciera- poco se puede esperar.
Pero nada de lo que se ha hecho y, aparentemente, nada de lo que se pueda hacer de ahora en más, explica razonablemente la postura de Kirchner. En el fondo, sigue siendo una pregunta sin respuesta....
“Ningún gobernante quiere que le vaya mal...”. Esta frase popular obviamente no hace referencia a ninguna ley. Es simplemente el dictamen del sentido común. Y repugna al intelecto humano la sola idea de que un gobierno “se esmere”, por decirlo de algún modo, en que todo se complique innecesariamente.
La aparente “inentendible posición” del gobierno nacional frente al conflicto con el campo, comienza a plantear la idea de que, detrás de todo lo que se ve y se escucha, hay algo más, “distinto” de lo que se cree y hasta ahora enteramente “desconocido”.
En efecto, reducir la posición del gobierno a cuestiones como “no quiere retroceder...”, “no tiene capacidad de diálogo...”,”está mál asesorado...” y cosas por el estilo, aún siendo verdad, es precisamente eso: un “reduccionismo” que complica aún más el análisis de la ya delicada situación.
Nestor Kirchner no llegó a fundar en el 2003 el Frente Para la Victoria por ser incompetente; ni llegó al gobierno por ser falto de inteligencia; ni logró dividir a la oposición sólo por ser prepotente o soberbio. Por el contrario, demostró manejar una lógica política bien articulada que le permitió conseguir gradualmente sus objetivos, más allá de que sean éstos convenientes o no para la nación.
No es razonable suponer que, en cinco o seis meses, de pronto se haya vuelto casi autista, carente de toda inteligencia política de “largo plazo”.
“Ningún gobernante quiere que le vaya mal...”. Propiciar innecesariamente un desenlace peligroso, que dañaría gravemente al país pero también a su propio partido y socios, y especialmente a él mismo, al punto de que se hace cada vez más probable una eventual derrota electoral en el 2009, no tiene ningún sentido, a menos que haya motivos ocultos y de tal gravedad que lo justifique. Porque la otra posibilidad, la que queda, directamente estaría hablando ya de algún tipo de patología psicológica autodestructiva, que echaría por tierra casi todo lo que él mismo consiguió....
Como sea, la urgencia que se tiene de pacificar el país, como escenario necesario para resolver el actual conflicto, que ya ha ido más allá de los límites del sector agrario, requerirá del esfuerzo y la cordura de todos, especialmente del propio sector productivo y de la oposición, porque del gobierno –pareciera- poco se puede esperar.
Pero nada de lo que se ha hecho y, aparentemente, nada de lo que se pueda hacer de ahora en más, explica razonablemente la postura de Kirchner. En el fondo, sigue siendo una pregunta sin respuesta....