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sábado, 21 de junio de 2008

Partidismo, Convicción o Conciencia: ¿Qué primará...?


Por Walter Edgardo Eckart

A partir del Lunes, los legisladores nacionales de todos los bloques, realmente necesitarán una “cuota extra de honradez intelectual, sabiduría y sentido común”, para conjugar o equilibrar tres aspectos inherentes a su intimidad más profunda que, en este caso y “especialmente”, les concierne para el ejercicio de la función “delegada” de legislar, justo en una situación por demás delicada, como es la de intentar alguna forma de solución al conflicto Gobierno-Campo.



En efecto, el primer aspecto que entra en juego es el concepto de “partidismo”. En general, éste no goza de muy buena fama, ya que implica una especie de fuerte adhesión o “sometimiento” a las opiniones o directivas de un partido en particular, con “preferencia” (y esto es lo grave) sobre “los intereses generales”. En el plano intelectual, es casi una máxima consagrada que, por ejemplo, “para luchar contra la violencia hay que olvidar cualquier partidismo...”

El otro aspecto, corresponde a las “convicciones ideológicas personales”. Éstas se diferencian del “partidismo” en el sentido de que, en cierta forma, son “anteriores” a cualquier plataforma política en particular, aunque habitualmente encuentran en un “partido en especial” su mejor forma de expresión y canalización. Ahora bien: “habitualmente” no significa “siempre...”. Hay ocasiones donde la “convicción personal” trasciende, va más allá, de los principios y lineamientos generales y particulares de un partido.

Y el último aspecto, es el de la “conciencia”. Y este es un concepto complejo, ya que por una parte indica, en general, el conocimiento que un persona tiene de “sí mismo” pero también de su “entorno”. Pero por otra, la conciencia (del latín “conscientia”) se refiere al “juicio moral”, es decir, a la capacidad que nos indica qué está bien o qué está mal para nosotros, para los demás y para toda la realidad en general.

Ahora bien: en todos los planos, pero tal vez especialmente en el político, estos tres aspectos interactúan permanentemente en cualquier dirigente o funcionario, pero la experiencia muestra que, finalmente, se termina imponiendo “uno” de ellos en particular.

Por eso, frente a un desafío tan marcado que deberán afrontar tanto los diputados como los senadores nacionales, la pregunta sigue siendo la misma: partidismo, convicción o conciencia: ¿Qué primará...?