Por Walter Edgardo Eckart
Hay ocasiones donde escribir una simple reflexión se convierte en un gran y doloroso desafío. Tristemente, éste pareciera ser uno de esos momentos.
En efecto, en el marco del conflicto entre el Gobierno y el Campo, y en el contexto de los graves acontecimientos de estos dos últimos días, se puede hablar de muchos temas, se puede analizar uno u otro aspecto, se puede hablar, en definitiva, sobre cualquier cosa. Pero hay algo al cual ya no se le puede escapar más. Se trata del necesario y urgente cuestionamiento que debemos hacernos, sobre el sentido que pudiera tener “seguir confiando en la magia de la esperanza”, como una especie de camino necesario, aún no recorrido del todo, para la resolución del problema.
Es parte de nuestra cultura el dicho “la esperanza es lo último que se pierde...”. Es casi una regla. Pero, como toda “regla”, no escapa a las generales de la ley. Y en ocasiones, admite la excepción.
La impensada gravedad actual de la situación del país, la profundización de la crisis disparada por los hechos de las últimas horas, han tornado un escenario donde a la esperanza le pidieron la renuncia y asumió –como referente social- el “pesimismo”, con su secretario, “el desconcierto”.
En efecto, hasta el viernes, las expectativa era grande. Desde temprano se rumoreaba que este domingo a las 24:00 hs. finalizaría la protesta (como posteriormente así fue “solicitado” en el documento de las cuatro entidades del campo), en el marco de un “nuevo” gesto hacia el gobierno nacional y fundamentado en la esperanza de resolver el conflicto a través del diálogo honesto y constructivo.
La Iglesia lo había pedido el jueves. El defensor del pueblo anunciaba, el viernes por la tarde, un encuentro previsto para el Lunes a las 15:00 hs., donde se convocaba al gobierno, no como una parte más, sino como lo que es: el gobierno de “todos” los argentinos, a “escuchar” al sector del campo. A los agrarios se les ponía como condición para asistir el levantamiento de “toda medida directa” para el lunes.
De algún modo, por esas horas, la esperanza parecía reflotar. Todas las condiciones estaban dadas o en vías de estarlo: el paro se levantaría (incansable caballito de batalla del gobierno que argumentaba que no podía “dialogar con una pistola en la cabeza”); el lunes serían “escuchados” por los representantes del ejecutivo nacional. Todo parecía estar encarrilado.
¿Qué pasó...?
No transcurrieron más de 40 minutos de la conferencia de prensa de Mondino (quien varias veces reiteró que no iba a ser un encuentro de “partes”, sino que se trataba “del gobierno”, con su legítima autoridad, que “escucharía” los reclamos de “un sector”), cuando la prensa nacional ya anticipó que, desde la Casa Rosada, fijaron una posición: No concurrían al encuentro, con el insólito y nuevo argumento de que “el gobierno no es una parte más...”, como si no hubieran leído o escuchado la resolución del defensor del pueblo, quien actuó según las atribuciones constitucionales que lo habilitan, y que –precisamente- se “encargó” de remarcar la diferencia.
¿Las consecuencias....?
Más nafta al fuego: desconcierto de los dirigentes agropecuarios locales; acentuación de descontrol en las bases, especialmente en los auto convocados; exasperación de transportistas..... e incertidumbre.... nadie sabe lo que puede llegar a pasar....
Más todavía: en horas de la mañana del sábado, se conoció la noticia de confrontaciones entre camioneros. Uno de los resultados: un camionero acuchillado. Son las primeras gotas de sangre derramadas en el marco del conflicto.... Ojalá la únicas ...
Como se ve, del “gris oscuro” ya se va pasando al “negro”.
¿Qué esperar...?
O casi un milagro....o una dosis de sensatez.... o, lamentablemente, una profundización del conflicto a niveles inesperados...
Los esquemas de rentabilidad de distintas variedades de producción del agro, presentados ante los medios ya desde el miércoles pasado por los productores, muestran que no es posible trabajar a “pérdida” bajo el actual sistema de retenciones móviles, que sólo fue el “disparador” que permitió, con el paso de los días, ver la “complejidad y amplitud” de una adecuada política agropecuaria.
Más todavía: hasta ayer los productores tenían dos opciones: seguir en la protesta, o bajarse y buscar el diálogo. Hoy, considerando la historia del comportamiento hostil y despiadado del gobierno en el tiempo del conflicto (por más que haya trascendido en la tarde del sábado la posibilidad de que éste llame al diálogo); y teniendo en cuenta –además- que el poder ya ha expresado que, en el hipotético caso de que se llegue al diálogo, “las retenciones no se tocan”, todo parece indicar que tienen una sola opción: seguir con el reclamo.... pase lo que pase....y es precisamente este “pase lo que pase” lo que constituye la posibilidad de un final extremadamente peligroso.
En fin: en momentos difíciles, todos nos aferramos a la “esperanza”. Pero cuidado, la historia de los pueblos es testigo de que a veces, muy raras, ésta es “expulsada” y sustituida por el “pesimismo”, disparador de funestas e irreparables decisiones irracionales.
Hasta ayer, del documento del Episcopado sobresalían varias ideas “esperanzadoras”. Hoy, un concepto comienza a tomar un carácter profético. El mismo corresponde a una pregunta expresada en el segundo párrafo del punto 1 de dicho documento: ¿No hemos aprendido nada de nuestra historia...?
Ojalá que los gobernadores de cada provincia, que los legisladores, que los intendentes, sean del signo que fueran, sepan “anticiparse” para quitarle todo dramatismo social al final del conflicto que en algún momento llegará.....
Hay ocasiones donde escribir una simple reflexión se convierte en un gran y doloroso desafío. Tristemente, éste pareciera ser uno de esos momentos.
En efecto, en el marco del conflicto entre el Gobierno y el Campo, y en el contexto de los graves acontecimientos de estos dos últimos días, se puede hablar de muchos temas, se puede analizar uno u otro aspecto, se puede hablar, en definitiva, sobre cualquier cosa. Pero hay algo al cual ya no se le puede escapar más. Se trata del necesario y urgente cuestionamiento que debemos hacernos, sobre el sentido que pudiera tener “seguir confiando en la magia de la esperanza”, como una especie de camino necesario, aún no recorrido del todo, para la resolución del problema.
Es parte de nuestra cultura el dicho “la esperanza es lo último que se pierde...”. Es casi una regla. Pero, como toda “regla”, no escapa a las generales de la ley. Y en ocasiones, admite la excepción.
La impensada gravedad actual de la situación del país, la profundización de la crisis disparada por los hechos de las últimas horas, han tornado un escenario donde a la esperanza le pidieron la renuncia y asumió –como referente social- el “pesimismo”, con su secretario, “el desconcierto”.
En efecto, hasta el viernes, las expectativa era grande. Desde temprano se rumoreaba que este domingo a las 24:00 hs. finalizaría la protesta (como posteriormente así fue “solicitado” en el documento de las cuatro entidades del campo), en el marco de un “nuevo” gesto hacia el gobierno nacional y fundamentado en la esperanza de resolver el conflicto a través del diálogo honesto y constructivo.
La Iglesia lo había pedido el jueves. El defensor del pueblo anunciaba, el viernes por la tarde, un encuentro previsto para el Lunes a las 15:00 hs., donde se convocaba al gobierno, no como una parte más, sino como lo que es: el gobierno de “todos” los argentinos, a “escuchar” al sector del campo. A los agrarios se les ponía como condición para asistir el levantamiento de “toda medida directa” para el lunes.
De algún modo, por esas horas, la esperanza parecía reflotar. Todas las condiciones estaban dadas o en vías de estarlo: el paro se levantaría (incansable caballito de batalla del gobierno que argumentaba que no podía “dialogar con una pistola en la cabeza”); el lunes serían “escuchados” por los representantes del ejecutivo nacional. Todo parecía estar encarrilado.
¿Qué pasó...?
No transcurrieron más de 40 minutos de la conferencia de prensa de Mondino (quien varias veces reiteró que no iba a ser un encuentro de “partes”, sino que se trataba “del gobierno”, con su legítima autoridad, que “escucharía” los reclamos de “un sector”), cuando la prensa nacional ya anticipó que, desde la Casa Rosada, fijaron una posición: No concurrían al encuentro, con el insólito y nuevo argumento de que “el gobierno no es una parte más...”, como si no hubieran leído o escuchado la resolución del defensor del pueblo, quien actuó según las atribuciones constitucionales que lo habilitan, y que –precisamente- se “encargó” de remarcar la diferencia.
¿Las consecuencias....?
Más nafta al fuego: desconcierto de los dirigentes agropecuarios locales; acentuación de descontrol en las bases, especialmente en los auto convocados; exasperación de transportistas..... e incertidumbre.... nadie sabe lo que puede llegar a pasar....
Más todavía: en horas de la mañana del sábado, se conoció la noticia de confrontaciones entre camioneros. Uno de los resultados: un camionero acuchillado. Son las primeras gotas de sangre derramadas en el marco del conflicto.... Ojalá la únicas ...
Como se ve, del “gris oscuro” ya se va pasando al “negro”.
¿Qué esperar...?
O casi un milagro....o una dosis de sensatez.... o, lamentablemente, una profundización del conflicto a niveles inesperados...
Los esquemas de rentabilidad de distintas variedades de producción del agro, presentados ante los medios ya desde el miércoles pasado por los productores, muestran que no es posible trabajar a “pérdida” bajo el actual sistema de retenciones móviles, que sólo fue el “disparador” que permitió, con el paso de los días, ver la “complejidad y amplitud” de una adecuada política agropecuaria.
Más todavía: hasta ayer los productores tenían dos opciones: seguir en la protesta, o bajarse y buscar el diálogo. Hoy, considerando la historia del comportamiento hostil y despiadado del gobierno en el tiempo del conflicto (por más que haya trascendido en la tarde del sábado la posibilidad de que éste llame al diálogo); y teniendo en cuenta –además- que el poder ya ha expresado que, en el hipotético caso de que se llegue al diálogo, “las retenciones no se tocan”, todo parece indicar que tienen una sola opción: seguir con el reclamo.... pase lo que pase....y es precisamente este “pase lo que pase” lo que constituye la posibilidad de un final extremadamente peligroso.
En fin: en momentos difíciles, todos nos aferramos a la “esperanza”. Pero cuidado, la historia de los pueblos es testigo de que a veces, muy raras, ésta es “expulsada” y sustituida por el “pesimismo”, disparador de funestas e irreparables decisiones irracionales.
Hasta ayer, del documento del Episcopado sobresalían varias ideas “esperanzadoras”. Hoy, un concepto comienza a tomar un carácter profético. El mismo corresponde a una pregunta expresada en el segundo párrafo del punto 1 de dicho documento: ¿No hemos aprendido nada de nuestra historia...?
Ojalá que los gobernadores de cada provincia, que los legisladores, que los intendentes, sean del signo que fueran, sepan “anticiparse” para quitarle todo dramatismo social al final del conflicto que en algún momento llegará.....