Por Ana Griselda Eckart
Docente de Nivel Inicial
Nro. Reg.:105249
Profesora para el Nivel Pre-Primario
Docente de Nivel Inicial
Nro. Reg.:105249
Profesora para el Nivel Pre-Primario
A veces, es bueno y conveniente, que un docente hable no sólo de los reclamos salariales, sino también de la dura realidad que viven aquellos que son el “objeto de la educación”. Segura estoy de que lo que pueda compartir, reflejará no sólo mis vivencias sino la de muchos otros docentes del Chaco, pero también de la región (Formosa, Corrientes, Misiones), e incluso la de los docentes de las grandes barriadas bonaerenses.
En este sentido, quiero compartir con ustedes algunas de mis experiencias como docente del Nivel Inicial, al trabajar con niños que viven en barrios periféricos y marginales de nuestra ciudad.
Y ciertamente, es muy triste palpar el día a día de esa realidad: Por ejemplo, en los últimos 14 años de docencia, pude comprobar cómo niñitos de 4 o 5 años, asisten al jardín cada día, básicamente, más que para aprender, por “una taza de leche” (que siempre terminan siendo dos o tres), porque con una no se llenan.
Mirando a algunos de ellos, en más de una ocasión pude ver cómo, si un compañerito deja un resto de pan o leche, los de al lado, con triste picardía, se apoderan de esos restitos y los consumen.
Cientos de veces, también, comprobé cómo esperan con alegría el momento del Juego-Trabajo, ya que allí pueden disfrutar de juguetes, materiales didácticos de madurez intelectual (como rompecabezas, ensartados, encastre, plantado, etc.); y cómo esperan también el momento de un cuento, donde dejan volar su imaginación; o el instante de la dramatización.
Es como que en momentos así no sólo “son” sino que se “sienten” niños. Y esto en entendible, ya que en sus hogares, la mayoría de ellos cumplen una especie de rol específico, incluso –en ocasiones- haciendo la veces de padres o madres de sus hermanos menores.
Pongo como ejemplo el caso de Nilsón, quien tiene 5 años, y cuida de sus hermanos de 4, 2, y 1 año, mientras su madre realiza las tareas hogareñas y su padre sale a “changuear”, volviendo a la noche.
O el caso de Bladimir, que también queda “de casero”, como ellos dicen, mientras su madre se ausenta del hogar en compañía de sus otros tres hermanos con un carro a recolectar descartables y otros objetos de los basurales para luego venderlos por unas pocas monedas.
Algunos niños vienen al jardín golpeados, descalzos, sin asearse, sin haber probado un bocado en todo el día, desprovistos de abrigo etc. Esto se entiende en el marco de que en estos barrios predomina la violencia familiar, el maltrato, el abandono, los abusos; padres alcohólicos y sin trabajos la mayoría; madres solteras con varios hijos de distintos padres (digo esto sin discriminar a estas mujeres), y –tristemente- la mayoría de estos pequeños, vienen al mundo sin ser deseados, vienen porque si...
En este contexto, los docentes nos tenemos que amañar y aprender a hacer las veces de asistente social, o de psicólogos. Incluso de “padres” o “madres”, porque salimos a buscar y a pedir vestimentas, calzados, alimentos y cualquier otra cosa que se necesite.
Escuchamos a cada niño y a su madre, tratando de aconsejarlos y alentarlos a seguir. Es decir, se practica muchas veces una especie de “asistencialismo”, lo cual no debería ser nuestra función.
Estas comunidades, donde predomina el hacinamiento, la indigencia, la falta de contención y apoyo familiar, y un sin número de necesidades básicas insatisfechas, “esperan” de los docentes soluciones que repetidas veces escapan a nuestras posibilidades.
Me pregunto como docente y como mamá: ¿Dónde han quedado los famosos “derechos del niño”? ¿Dónde está el que “gobierna en cada lugar”, para asegurar la no explotación infantil, o para favorecer el acceso a una vivienda digna, al sistema sanitario, al apoyo psicológico imprescindible, etc....?.
En fin... a veces queda la sensación de que, más allá del trabajo diario, sólo podemos levantar nuestros ojos al cielo y pedirle a Dios por estos niños, y rogar... rogar para que nuestros funcionarios recapaciten y respondan en orden a una infancia feliz. ...