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sábado, 15 de marzo de 2008

Kirchner y su afán por construir el “Círculo Cuadrado”

Por Walter Edgardo Eckart

Resulta tristemente paradigmática la “obsesión” por el poder (y sus derivados) que manifiestan los Kirchner, bajo el slogan implícito de “seducir” y “dividir” para triunfar.

La sociedad argentina podrá estar acostumbrada a que un “Peronista K” o un “Radical K” diga o haga tal o cuál cosa. Podrá parecer –incluso- que es “mínima y despreciable” la “eventual” diferencia que pudiera existir a nivel ideológico entre un “Peronista” y un “Peronista K”; o entre un “Radical” y un “radical K”.

Pareciera, sin embargo, que cada “K” que aparezca unida al nombre de otro partido (que no sea el de Kirchner), es un “alerta seria” al pueblo en general pero especialmente a los dirigentes y funcionarios que –considerados en forma global- son miembros de una amplia diversidad de partidos.

Un ejemplo deportivo –y salvando las distancias- tal vez pueda ilustrar mejor la gravedad de la cosa. En efecto, y solo por una cuestión pedagógica, pensemos en River y Boca, ¿Qué pensaría la dirigencia de River si comenzara a escuchar acerca de “Riveristas B”...?; o ¿qué pensaría la conducción de Boca si se enterase de la existencia de “Boquenses R”...?

Lo dicho podrá sonar gracioso, inadecuado o hasta ridículo. No interesa. Sirve, en el plano conceptual, para mostrar la “incompatibilidad” entre una cosa y la otra.

Un partido político no se agota sólo en un conjunto de ideas o principios. Ciertamente que incluye –y prioritariamente- “los principios” que lo constituyeron orgánicamente como tal.
Pero al mismo tiempo los trasciende grandemente, toda vez que detrás de un partido hay una “historia” inicial; hay una “historia” al momento de “caminar juntos” a lo largo de los años; hay un “patrimonio” político, social, cultural y humano conquistado; hay un “discernimiento” de las particularidades del rol que se debe asumir cuando se es gobierno o cuando se es oposición.

La síntesis e interrelación de todos estos aspectos son los que definen la “identidad medular” de un partido, aún cuando admita, dentro de sus militantes, “una variedad de matices” ideológicos o pragmáticos.

Estos “matices” normalmente son necesarios para la sociedad pero también para el “agiornamiento” del propio partido, según las características singulares de una época en particular, pero todo esto de manera que no se atente contra esa “identidad medular”.

En este contexto, cabe entonces la pregunta: ¿Qué es un “K”...? ¿Qué es un Peronista K...? ¿Qué es un Radical K...?.

Por lo que se puede deducir de la manifiesta intención de Kirchner de instaurar una especie de “unipartidismo camuflado”; para adquirir algo así como “la suma del poder político” (y sus derivados); como también por lo que dejan entrever quienes están deseosos por integrar sus filas (o al menos curiosos por enterarse de qué se trata), pareciera que un “K” es algo así como una especie de “híbrido”.
Un híbrido de identidad, ideología y ambición desconocidas, preocupado casi siempre por reafirmar sus raíces y convicciones, al mismo tiempo que exalta la “normalidad y naturalidad” de su proceder en contrario.

En el Chaco, por ejemplo, vemos en estos días cómo el radicalismo está enfrentando el difícil desafío de abordar esta cuestión, sin lastimar al pueblo que lo votó, pero al mismo tiempo con los “pies sobre la tierra” en lo que se refiere a la “actitud orgánica” a tomar respecto de los militantes y servidores públicos que anticiparon su participación en el encuentro de los “radicales K”, en Junín.

Cómo sea, una cosa es cierta: no existe ni existirá el “círculo cuadrado”, a pesar de Kirchner....