Por Walter Edgardo Eckart.
El título puede dar la impresión de que la reflexión que sigue es un tanto “técnica” o complicada. En realidad de trata de algo bastante sencillo pero no por ello poco importante, sobre todo si se mira, por ejemplo, el “discurso” o el “gesto” político en general.
En efecto, cada vez que nos “expresamos”, es decir , cuando “decimos algo” por medio de nuestras palabras, o realizamos un “gesto” (como cuando damos un fuerte apretón de manos al saludarnos), siempre “trasmitimos” a los demás una “idea” o “contenido”.
Así, si alguien dijera: “es urgente que pague la luz” transmite con sus palabras “un contenido” que nos indica un relativo temor a que “le corten” el suministro eléctrico. De igual modo, cuando estrechamos fuertemente nuestras manos para saludarnos, con ese gesto transmitimos un “contenido” que manifiesta “nuestro afecto” a la persona a quién saludamos.
Así, la “palabra” o el “gesto” son como “vehículos” que transmiten siempre un “contenido” cuyo sentido final incluye la “intención” con la que alguien dice o hace algo. Por ejemplo, no es lo mismo “pronunciar” en serio palabras insultantes que hacerlo en broma o con humor. Aquí, la “intención” marca la diferencia.
En este contexto, es llamativo cómo nos hemos acostumbrado culturalmente a no darle importancia -pareciera- a tantas formas de “divorcio” entre “lo que se dice”, “lo que en realidad se quiere decir”, y la “intención final con la que se dice o hace algo”.
Esta problemática, que en realidad afecta a todos los estratos sociales, cobra una especial gravedad cuando ocurre, por ejemplo, en el ámbito de aquellos que nos gobiernan, o en el de los que tienen un liderazgo socio-político importante.
En este sentido, la lista de ejemplos seguramente sería interminable, pero paradójicamente y en realidad, pareciera que no se necesita hacer una especie de “estadística” de la multitud de discursos contradictorios, intenciones retorcidas e hipocresía en el decir o en el actuar de algunos actores políticos, nacionales o provinciales.
Curiosamente, éste pueblo argentino, con su mucha o poca educación, y sea “por su lomo” o sea “por su intuición”, va aprendiendo a distinguir la verdad de la mentira, lo recto de lo hipócrita, la “intención noble” del “disfraz egoísta”, propio de quién busca y protege sólo su interés.
Menos mal....menos mal.... pero que éste aprendizaje no nos lleve toda la eternidad.....
En efecto, cada vez que nos “expresamos”, es decir , cuando “decimos algo” por medio de nuestras palabras, o realizamos un “gesto” (como cuando damos un fuerte apretón de manos al saludarnos), siempre “trasmitimos” a los demás una “idea” o “contenido”.
Así, si alguien dijera: “es urgente que pague la luz” transmite con sus palabras “un contenido” que nos indica un relativo temor a que “le corten” el suministro eléctrico. De igual modo, cuando estrechamos fuertemente nuestras manos para saludarnos, con ese gesto transmitimos un “contenido” que manifiesta “nuestro afecto” a la persona a quién saludamos.
Así, la “palabra” o el “gesto” son como “vehículos” que transmiten siempre un “contenido” cuyo sentido final incluye la “intención” con la que alguien dice o hace algo. Por ejemplo, no es lo mismo “pronunciar” en serio palabras insultantes que hacerlo en broma o con humor. Aquí, la “intención” marca la diferencia.
En este contexto, es llamativo cómo nos hemos acostumbrado culturalmente a no darle importancia -pareciera- a tantas formas de “divorcio” entre “lo que se dice”, “lo que en realidad se quiere decir”, y la “intención final con la que se dice o hace algo”.
Esta problemática, que en realidad afecta a todos los estratos sociales, cobra una especial gravedad cuando ocurre, por ejemplo, en el ámbito de aquellos que nos gobiernan, o en el de los que tienen un liderazgo socio-político importante.
En este sentido, la lista de ejemplos seguramente sería interminable, pero paradójicamente y en realidad, pareciera que no se necesita hacer una especie de “estadística” de la multitud de discursos contradictorios, intenciones retorcidas e hipocresía en el decir o en el actuar de algunos actores políticos, nacionales o provinciales.
Curiosamente, éste pueblo argentino, con su mucha o poca educación, y sea “por su lomo” o sea “por su intuición”, va aprendiendo a distinguir la verdad de la mentira, lo recto de lo hipócrita, la “intención noble” del “disfraz egoísta”, propio de quién busca y protege sólo su interés.
Menos mal....menos mal.... pero que éste aprendizaje no nos lleve toda la eternidad.....