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domingo, 13 de enero de 2008

Nuestra Gente: Principio de Identidad

Por Eduardo Gómez
Club de Leones Formosa

Hay muchos jóvenes que se sienten auténticos porque dicen lo primero que se les cruza por la cabeza, sin importarles el daño que causan y sin medir las consecuencias de sus actos.Se vive de manera superficial, adaptándose a las circunstancias, y buscando siempre tener una mayor capacidad de consumo. En esta consagración del instante se pierde la facultad de discernimiento y se anula la conciencia. El sujeto como tal, ha perdido el centro de su identidad, no se reflexiona, no se piensa en lo que se hace, y por lo tanto, se toma prestado de los objetos que nos rodean lo que les falta a cada uno para ser feliz. La angustia que produ­ce este vacío interior se llena compulsivamente con la compra de cosas que prometen amistad, placer, estatus, aprecio, reconocimiento, fama. Se cree inconscientemente que un teléfono celular, un perfume, una ropa, un alimento, nos dará la gratificación de sentirnos indivi­duos, sin darnos cuenta que esto nos hace más egoístas y egocéntricos. Tomar prestada nuestra identidad de las cosas sólo nos aliena. Este problema no es un hecho aislado; refleja la mentalidad de nuestra época carente de sopor­tes y referentes para construir el tejido orgáni­co de nuestra sociedad.Nos enfrentamos de manera más creciente a la falta de seguridad, al desorden, al consumis­mo, al individualismo y a la ineficiencia; porque somos incapaces de comunicar los valores que nos hacen percibir que la vida tiene un sentido y que podemos compartir objetivos comunes. Las personas, víctimas de esta nueva cultura, caen en el escepticismo, el pesimismo, la de­presión, las fobias y la incomunicación. Nos fal­ta un discurso vinculante para construir juntos un mundo mejor.Lejos de quedarnos llorando por lo que per­dimos, tenemos que ver lo bueno que trae esta nueva manera de ser. Hoy se valora muchísimo la auto trascendencia del sujeto. Entonces hay una puerta maravillosa que nos permite cami­nar hacia un nuevo futuro. Si queremos dejar de ser una sociedad superficial, guiada por una conciencia emocional que no tiene bases fir­mes, busquemos reencontrar la experiencia de nuestra identificación más profunda y recuperemos la alegría de pertenecer a una comuni­dad que busca la convivencia en la diversidad.En este tiempo renovemos nuestra identidad de ser hijos de Dios.
Fuente: Diario La Mañana. Formosa. Argentina. 13/01/2008