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martes, 29 de enero de 2008

Inseguridad: Mucho más que una “sensación” o que un “Índice oficial”

Por Walter Edgardo Eckart

Tal vez, hasta hace unos años, los chaqueños creíamos que la inseguridad, expresada en términos de hechos de violencia, muertes, robos, etc., era un problema que –si bien se daba en todo el país-, “especialmente” castigaba a Buenos Aires y a las grandes capitales.

Hoy, pareciera, ya no podemos seguir pensando así. El Chaco, como cualquier otra provincia de Argentina, es castigado fuertemente (y creciendo) por este flagelo.

En efecto, el delito hace sentir cada vez más fuerte su presencia y las modalidades, por ejemplo del “robo”, aumentan día a día. Desde el ladronzuelo de pocas luces hasta los delincuentes que no sólo roban a mano armada, con movimientos calculados, sino que después de robar incluso asesinan a sus víctimas, y pasando por carteristas, arrebatadores ocasionales, “motochorros”, atracadores de remises, taxis, micros, camiones de reparto de mercadería comestible, asaltos con o sin toma de rehenes a viviendas particulares, etc. etc.

Obviamente, se constatan algunos blancos preferidos por los delincuentes, como por ejemplo el atraco a comercios.

Y en este punto me gustaría detenerme un momento. En primer lugar, porque más allá de las “grandes empresas”, que tienen la capacidad de contar con guardias de seguridad permanente y equipos sofisticados de monitoreo, existen un mundo extremadamente enorme de comerciantes medianos y chicos que, proporcionalmente, dan trabajo en su conjunto, a más del 62% de los empleados mercantiles de la provincia.

Así, cuando a uno de estos medianos o chicos comerciantes, normalmente de barrios, le roban, según el caso hasta le puede implicar el “cierre” del local.

En mi caso particular, yo soy un comerciante chico, aún cuando tengo tres modestos puntos de ventas distintos en el rubro “ferretería”. No sólo he sufrido (y contabilizando sólo los atracos de importancia) nueve robos en ocho años, el último ocurrido el jueves pasado, con una pérdida promediada en los ocho años equivalente a un año y medio de trabajo. Esto significa que si sumo lo que me han robado en ocho años y hago el promedio, las pérdidas por robo equivalen a las ganancias obtenidas durante un año y medio de sacrificio.

Pero esto es sólo un aspecto de la cosa. Detrás de cada dueño de un comercio, como en mi caso, está sobre nuestras espaldas la “responsabilidad” de “la vida” y “la estabilidad psicológica” de nuestros empleados. Un trabajador que es “atracado”, normalmente no sólo sufre la conmoción del momento sino que, muchas veces y cómo me ha pasado, requiere atención psicológica posterior, sin contar el temor que luego invade a la familia del mismo.

Por esto, cuando hablamos de “inseguridad” estamos diciendo varias cosas: 1) El aumento del delito provoca un creciente y “no inventado” sentimiento “fundado” de desprotección; 2) Más allá de las mediciones “térmicas” o “índices” que pueda manejar el gobierno, lo cierto es que la distancia que hay entre una “política” de seguridad y las consecuencias para las víctimas de los hechos delictivos, es cada vez mayor.

Una cosa es “hablar” del delito, como quien mira desde arriba, y otra distinta es ser “víctima” del mismo.