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miércoles, 5 de diciembre de 2007

Democracia y Coherencia Partidaria

Por Walter Edgardo Eckart
A nadie se le escapa la importancia de consolidar, día a día, la convivencia democrática Argentina, con todo lo que ello implica.
Sin embargo, pareciera, desde hace décadas se ha instalado una idea según la cual se transmite la impresión de que “lo democrático” sólo esta ligado al respeto por la Constitución, a las leyes, normas y procedimientos que de ella devienen, a la independencia de los poderes, a la “respetuosa” discusión de ideas o proyectos, etc. etc.

Esto, que es lo que se le dice al electorado, por supuesto, está bien. El problema, tal vez, radique en lo que “no se le dice a la gente”: y es que lo “democrático” es un concepto de tal magnitud e importancia que no sólo se aplica a quienes detentan cualquier forma de poder en ejercicio y al ciudadano, con sus derechos y obligaciones, sino que también es “abarcativo” de las distintas realidades intra partidarias.

De hecho, todos los partidos políticos, más allá de una común ideología de base, tienen además mecanismos y procedimientos estatutarios, de carácter también “democrático”, de no menor importancia que las premisas democráticas tienen para la vida socio-política de la República.

Así, “defender la democracia” no es sólo velar por el cumplimiento del conjunto de leyes y valores que rigen la nación en sentido genérico, sino que también es necesario, especialmente, “velar y exigir” que cada partido, “hacia adentro”, se someta también a estas mismas reglas fundamentales.

Si esto se perdiera de vista, todo parece indicar que los ciudadanos deberíamos esperar, resignadamente, malos dirigentes y malos gobiernos hacia el futuro.

Un ejemplo: las internas de cualquier partido, antes o después de una elección, normalmente implican serias discusiones cuyo fruto más preciado, “debería ser”, el de pasar del “disenso interno” al “consenso” y al “discurso común” de sus propios militantes, y esto como consecuencia de la convicción de que “debe primar”, dentro de lo partidario, aquella idea o decisión que expresa “a la mayoría de sus miembros”, más allá de las creencias más profundas, por ejemplo, que con justo derecho puedan tener los distintos líderes partidarios.
Así, pareciera, no es aceptable para el ciudadano, que la dimensión democrática intra partidaria se transforme en una especie de “dedocracia”, donde algunos pocos, perdiendo la necesaria coherencia democrática, se encarguen de “forzar voluntades” a partir de métodos que nada tienen que ver con la democrático, sino más bien, pareciera, con la intolerancia y lo dictatorial, perjudicando directa o indirectamente a la sociedad misma.