Por Walter Edgardo Eckart
Comentarios: (04)
En una voluminosa obra llamada “La Estética”, escrita por el teólogo suizo Hans Urs von Balthasar (1905-1988), uno de los intelectuales y escritores más importante del siglo XX, se aborda un aspecto de la vida social y personal normalmente descuidado o directamente ignorado . Se trata de la dimensión estética de todo lo que el hombre vive y hace, a la hora de relacionarse con Dios, con sus semejantes y consigo mismo. Para Balthasar, lo estético (lo bello, lo agradable) se expresa por las manifestaciones externas del ser humano, pero debe guardar una necesaria relación con su interioridad más profunda.
Dicho de otro modo, lo agradable que alguien muestra de sí mismo a los demás con sus gestos y actitudes, no debería ser artificial sino que tendría que provenir desde dentro. De lo contrario, por más que el gesto o la actitud sean estéticos en sí mismos, causan en los otros el efecto inverso: la repulsión.
El saber popular, por ejemplo, ese que brota habitualmente de la gente sencilla, no tiene empacho en señalar la falta de coherencia entre “el gesto externo agradable” de alguien y las mil formas distintas de resentimiento, mentira o desprecio que pueda guardar en su interior. A éstos, se los califica como hipócritas, cínicos, mentirosos, inconsistentes, etc.
Y a la hora de la convivencia familiar, social o cívica, cuando alguien “detecta” que el otro o “los otros”, se comportan de esta manera antiestética o desagradable, se produce la ruptura de uno de los valores más preciados: la confianza.
Lo político no escapa a esta regla.
Porque, en principio, un dirigente (gobernante o no), está exigido moral y culturalmente a que el discurso elegante y estético que pueda pronunciar, tenga autentica raíz en sus convicciones e ideales, al menos si anhela ser creíble y conservar la confianza de la gente.
Pero si despreciara esta exigencia, por considerarse tal vez más audaz, mejor educado, mejor relacionado o más inteligente que el pueblo, finalmente y a pesar suyo, obtendrá la repulsión y desconfianza de quienes lo seguían, y de poco le servirá tratar de “emparchar” la cosa cuando una simple coyuntura le haga tomar conciencia del error cometido.
Y es que la única moneda que la madre hipocresía tiene para “pagar” y compensar a sus hijos y adeptos es, precisamente, el descrédito social y la desconfianza permanente.
Por estos tiempos, Argentina (gobernantes y ciudadanos), deberemos afrontar seguramente meses cada vez más difíciles, en el contexto de una impresionante pluralidad de ideas, perspectivas, inquietudes y convicciones.
Pero más allá del necesario y básico consenso socio político, no se necesita que “todos pensemos igual” para salir airosos de nuestros problemas. Porque ni el “pensamiento único” es garantía de éxito, ni la “pluralidad de ideas” es un obstáculo para el triunfo. Lo que sí nos podría llevar a un descalabro total es que cada uno, en el rol que le toca, persista en el vicio no elegante y antiestético de “decir o hacer” lo que no piensa o cree; o que renunciemos pragmáticamente a nuestras convicciones más profundas, sólo porque un tiempo muy arduo y especial (como el de estos meses), nos hizo caer en la cuenta de nuestras propias falacias e hipocresías del pasado, y nos veamos entonces necesitados de “corregir” nuestros discursos y gestos.
“La única moneda que la madre hipocresía tiene para “pagar” y compensar a sus hijos y adeptos es el descrédito social y la desconfianza permanente....”
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COMENTARIOS DE NUESTROS LECTORES:
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Luis Pedro – Chaco - Argentina
Les comparto a los amigos de chacomundo lo que me pasó cuándo leí el título de esta nota. Lo primero que me pregunté es qué carajo tiene que ver esto de la estética con lo política. Pero igual la leí. y tiene toda la razón. Fijense lo que le está pasando a los Kirchners y a la misma oposición: ¡¡¡¡NOS PUDREN CON PALABRAS HERMOSAS QUE NO SIRVEN PARA NADA!!!.
Pero guarda. Nosotros no somos tyrigo limpio y hacemos los mismo incluso dentro de nuestra familia y amigos.
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Roberto – Formosa -Argentina
Luis: se que mucho se ha escrito sobre este tema. Lo que pasa es que no le damos pelota porque todos somos genios. Fijate los canales o diarios que tienen mas ranquin. Son los que ponen grandes titulares para contarnos las cosas más tontas. En realidad somos un pueblo de brutos, y eso lo demostramos en cada elección.
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Sandra – Formosa - Argentina
A ver a ver No les parece que esto fue escrito especialmente para el Kirchnerismo?
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El Gallego – Chaco – Argentina
Sandra: si no me equivoco sos la misma que siempre le busca la quinta pata al gato. Por qué en vez de imaginarte cosas no te instruis un poco. Siempre el que toca un tema moral tiene que ser un gorila, un destituyente o un golpista?.
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Comentarios: (04)
En una voluminosa obra llamada “La Estética”, escrita por el teólogo suizo Hans Urs von Balthasar (1905-1988), uno de los intelectuales y escritores más importante del siglo XX, se aborda un aspecto de la vida social y personal normalmente descuidado o directamente ignorado . Se trata de la dimensión estética de todo lo que el hombre vive y hace, a la hora de relacionarse con Dios, con sus semejantes y consigo mismo. Para Balthasar, lo estético (lo bello, lo agradable) se expresa por las manifestaciones externas del ser humano, pero debe guardar una necesaria relación con su interioridad más profunda.
Dicho de otro modo, lo agradable que alguien muestra de sí mismo a los demás con sus gestos y actitudes, no debería ser artificial sino que tendría que provenir desde dentro. De lo contrario, por más que el gesto o la actitud sean estéticos en sí mismos, causan en los otros el efecto inverso: la repulsión.
El saber popular, por ejemplo, ese que brota habitualmente de la gente sencilla, no tiene empacho en señalar la falta de coherencia entre “el gesto externo agradable” de alguien y las mil formas distintas de resentimiento, mentira o desprecio que pueda guardar en su interior. A éstos, se los califica como hipócritas, cínicos, mentirosos, inconsistentes, etc.
Y a la hora de la convivencia familiar, social o cívica, cuando alguien “detecta” que el otro o “los otros”, se comportan de esta manera antiestética o desagradable, se produce la ruptura de uno de los valores más preciados: la confianza.
Lo político no escapa a esta regla.
Porque, en principio, un dirigente (gobernante o no), está exigido moral y culturalmente a que el discurso elegante y estético que pueda pronunciar, tenga autentica raíz en sus convicciones e ideales, al menos si anhela ser creíble y conservar la confianza de la gente.
Pero si despreciara esta exigencia, por considerarse tal vez más audaz, mejor educado, mejor relacionado o más inteligente que el pueblo, finalmente y a pesar suyo, obtendrá la repulsión y desconfianza de quienes lo seguían, y de poco le servirá tratar de “emparchar” la cosa cuando una simple coyuntura le haga tomar conciencia del error cometido.
Y es que la única moneda que la madre hipocresía tiene para “pagar” y compensar a sus hijos y adeptos es, precisamente, el descrédito social y la desconfianza permanente.
Por estos tiempos, Argentina (gobernantes y ciudadanos), deberemos afrontar seguramente meses cada vez más difíciles, en el contexto de una impresionante pluralidad de ideas, perspectivas, inquietudes y convicciones.
Pero más allá del necesario y básico consenso socio político, no se necesita que “todos pensemos igual” para salir airosos de nuestros problemas. Porque ni el “pensamiento único” es garantía de éxito, ni la “pluralidad de ideas” es un obstáculo para el triunfo. Lo que sí nos podría llevar a un descalabro total es que cada uno, en el rol que le toca, persista en el vicio no elegante y antiestético de “decir o hacer” lo que no piensa o cree; o que renunciemos pragmáticamente a nuestras convicciones más profundas, sólo porque un tiempo muy arduo y especial (como el de estos meses), nos hizo caer en la cuenta de nuestras propias falacias e hipocresías del pasado, y nos veamos entonces necesitados de “corregir” nuestros discursos y gestos.
“La única moneda que la madre hipocresía tiene para “pagar” y compensar a sus hijos y adeptos es el descrédito social y la desconfianza permanente....”
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COMENTARIOS DE NUESTROS LECTORES:
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Luis Pedro – Chaco - Argentina
Les comparto a los amigos de chacomundo lo que me pasó cuándo leí el título de esta nota. Lo primero que me pregunté es qué carajo tiene que ver esto de la estética con lo política. Pero igual la leí. y tiene toda la razón. Fijense lo que le está pasando a los Kirchners y a la misma oposición: ¡¡¡¡NOS PUDREN CON PALABRAS HERMOSAS QUE NO SIRVEN PARA NADA!!!.
Pero guarda. Nosotros no somos tyrigo limpio y hacemos los mismo incluso dentro de nuestra familia y amigos.
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Roberto – Formosa -Argentina
Luis: se que mucho se ha escrito sobre este tema. Lo que pasa es que no le damos pelota porque todos somos genios. Fijate los canales o diarios que tienen mas ranquin. Son los que ponen grandes titulares para contarnos las cosas más tontas. En realidad somos un pueblo de brutos, y eso lo demostramos en cada elección.
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Sandra – Formosa - Argentina
A ver a ver No les parece que esto fue escrito especialmente para el Kirchnerismo?
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El Gallego – Chaco – Argentina
Sandra: si no me equivoco sos la misma que siempre le busca la quinta pata al gato. Por qué en vez de imaginarte cosas no te instruis un poco. Siempre el que toca un tema moral tiene que ser un gorila, un destituyente o un golpista?.
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