Por Walter Edgardo Eckart
Tras haber parcialmente conseguido el oficialismo (por la media sanción en diputados, por 6 votos, y tras sólo 17 horas de sesión) la ratificación de la resolución ministerial 125, hay algunos aspectos a señalar.
En primer lugar, la impresión que queda es que el envío para tratamiento en el congreso de la 125, supuestamente para “destrabar” el conflicto, no cumplió su objetivo. En efecto, más allá del superficial maquillaje realizado al texto de origen, (que no hace a la substancia del mismo), el problema no sólo subsiste sino que –probablemente aunque ojalá que no- tenderá a agravarse.
De todos modos, y en segundo lugar, un hecho es innegable: la protesta del campo ha obtenido un triunfo (en medio de esta derrota parcial), aunque de otra naturaleza. En efecto, es difícil –hoy por hoy- suponer que algún argentino no haya tomado conocimiento “ponderativo” de la “realidad” y del “rol” de las distintas facciones que componen aquello que englobamos con la palabra “campo”. A lo largo del conflicto, los ciudadanos nos hemos impregnado en el conocimiento de la diversidad de “sectores” del campo, de sus preocupaciones, de su “rentabilidad neta” (por contraposición a la rentabilidad “bruta”); de la interrelación entre “el campo” con otros sectores, como la agro industria, el transporte de carga, etc.
En tercer lugar, parece obvio que –más allá de lo que pueda suceder en el Senado- la instancia final se enfocará hacia la Suprema Corte de Justicia de la Nación, habida cuenta del sinnúmero de argumentos, a favor o en contra de la constitucionalidad (o no), especialmente del punto dos del proyecto del ejecutivo, que ha “interpretado” estar autorizado constitucionalmente a ejercer –en forma delegada por el Poder Legislativo- decisiones en materia impositiva en general y, en particular, en lo que respecta a los derechos de exportación.
En fin, como sea, todo parece indicar que Argentina ha salido de esa especie de “anestesia” que la había hecho olvidar (temporalmente) de que el Congreso “existe”, como que también existe “el campo”, como que también existe el resto de “la sociedad”, y como que la democracia no sólo implica la división de los poderes del estado, sino también que el voto popular dado a un gobernante de ninguna forma “es un voto en blanco”.
De todos modos, otro aspecto “especialmente” es digno de destacar: Después de unos cuantos años de estar “adormilados”, pareciera que –y por fin-, en medio de todo el conflicto, en medio de todos los agravios, en medio de todas las consecuencias que devinieron del mismo, hay algo que se debe valorar: estamos “re – comenzando”, en Argentina, a “despertar en nuestra conciencia cívica” el rol propio de cada ciudadano que vive en este suelo...
Ojalá que, en relación a esto último, la memoria y el discernimiento no nos fallen en orden al 2009 y –especialmente- al 2011.
Tras haber parcialmente conseguido el oficialismo (por la media sanción en diputados, por 6 votos, y tras sólo 17 horas de sesión) la ratificación de la resolución ministerial 125, hay algunos aspectos a señalar.
En primer lugar, la impresión que queda es que el envío para tratamiento en el congreso de la 125, supuestamente para “destrabar” el conflicto, no cumplió su objetivo. En efecto, más allá del superficial maquillaje realizado al texto de origen, (que no hace a la substancia del mismo), el problema no sólo subsiste sino que –probablemente aunque ojalá que no- tenderá a agravarse.
De todos modos, y en segundo lugar, un hecho es innegable: la protesta del campo ha obtenido un triunfo (en medio de esta derrota parcial), aunque de otra naturaleza. En efecto, es difícil –hoy por hoy- suponer que algún argentino no haya tomado conocimiento “ponderativo” de la “realidad” y del “rol” de las distintas facciones que componen aquello que englobamos con la palabra “campo”. A lo largo del conflicto, los ciudadanos nos hemos impregnado en el conocimiento de la diversidad de “sectores” del campo, de sus preocupaciones, de su “rentabilidad neta” (por contraposición a la rentabilidad “bruta”); de la interrelación entre “el campo” con otros sectores, como la agro industria, el transporte de carga, etc.
En tercer lugar, parece obvio que –más allá de lo que pueda suceder en el Senado- la instancia final se enfocará hacia la Suprema Corte de Justicia de la Nación, habida cuenta del sinnúmero de argumentos, a favor o en contra de la constitucionalidad (o no), especialmente del punto dos del proyecto del ejecutivo, que ha “interpretado” estar autorizado constitucionalmente a ejercer –en forma delegada por el Poder Legislativo- decisiones en materia impositiva en general y, en particular, en lo que respecta a los derechos de exportación.
En fin, como sea, todo parece indicar que Argentina ha salido de esa especie de “anestesia” que la había hecho olvidar (temporalmente) de que el Congreso “existe”, como que también existe “el campo”, como que también existe el resto de “la sociedad”, y como que la democracia no sólo implica la división de los poderes del estado, sino también que el voto popular dado a un gobernante de ninguna forma “es un voto en blanco”.
De todos modos, otro aspecto “especialmente” es digno de destacar: Después de unos cuantos años de estar “adormilados”, pareciera que –y por fin-, en medio de todo el conflicto, en medio de todos los agravios, en medio de todas las consecuencias que devinieron del mismo, hay algo que se debe valorar: estamos “re – comenzando”, en Argentina, a “despertar en nuestra conciencia cívica” el rol propio de cada ciudadano que vive en este suelo...
Ojalá que, en relación a esto último, la memoria y el discernimiento no nos fallen en orden al 2009 y –especialmente- al 2011.