Por Walter Edgardo Eckart
Hace un tiempo, el 24 de marzo de este año para ser exacto, en una reflexión acerca del campo, de su gente y sus luchas, recuerdo que, sobre el final, decía: “...el campo no es agresivo ni conflictivo, ni para a cada rato por tonterías. Pero son demasiados años de luchas infructuosas y de sacrificios estériles. Cuando le fue bien, no tuvo problema en gastar su plata en su propia zona o región. No llevó plata a bancos de afuera. La gastó en su tierra. Pero cuando el castigo multifactorial se prolonga en el tiempo, entonces, tal vez como ahora, se olvida (probablemente a pesar suyo) de que es manso y tranquilo y se pone de pie... y lucha por lo que le queda....”
Hoy, después de muchos días de aquella nota, después de muchos días de un conflicto lamentable e innecesariamente creciente; después de la media sanción en diputados que convalidó la resolución ministerial 125, después de los dos actos de ayer y a horas de lo que pueda pasar en el Senado de la Nación, quiero quedarme con esa frase final de aquella nota: “.....se pone de pie... y lucha por lo que le queda...”
En este sentido y con toda conciencia de las distintas facciones que componen esa realidad, no del todo definida, que englobamos con la palabra “campo” y que no siempre expresa una misma cosa, queda claro que los grandes pooles de siembra “no encajan” en este concepto; no son –en sentido estricto- “partes del campo”, y hay que saber hacer y entender esta distinción. Tienen derecho a “ganar fortunas” pero también la obligación (al menos moral) de “compartir”.
En este contexto, según me parece, hay algunas cosas por decir.
En primer lugar, desde una perspectiva socio política no es cierta la afirmación de algunos, que han tratado de calificar “al campo” como una especie de “gigante dormido”, que de pronto “despertó”, en un escenario donde él mismo representa “la oligarquía” del país. El “campo” (los productores pequeños, los medianos y los “mediano-grande” –no los pooles) nunca se ha “dormido”. Por el contrario, en los últimos 23 años ha expresado sistemáticamente su preocupación por la ausencia de una política agropecuaria integral en Argentina. La diferencia es que ahora “se cansó....y se puso de pie...”,
En segundo lugar, el “campo” (en los términos expresados más arriba), lejos de intentar una especie de “derrocamiento” de la Presidenta (como lo asegura el discurso oficial), está haciendo sólo lo dicho más arriba: “luchar por lo que le queda...”. Y no interesa si mediaticamente se le cree o no, porque en lo práctico, la 125 significa objetivamente “trabajar a pérdida”, porque grava no un porcentaje de la “ganancia final” sino el importe final del valor de la “venta”.
Como pareciera que ni los más eruditos del kirchnerismo parecen entender esto, confundiendo una y otra vez a la gente, pongamos un ejemplo rápido y genérico, aunque sea tedioso y no adecuado para una nota de opinión: Si producir una tonelada de cualquier cosa le cuesta a un productor mediano 10 pesos y la vende a 18, en principio “parece” que estaría ganando el 80% (con lo cual sería una “renta extraordinaria” según el gobierno). Es decir: invierte 10, vende a 18 y gana entonces 8. ¿Se entiende?
Ahora bien: sobre esos 8 que ganó, tiene que descontarle una serie de impuestos: el Iva, el cual ciertamente es diferencial (no siempre es el 21%). Pero tomando un Iva mínimo, de sólo el 10,5 %, de los 8 pesos que le habían quedado inicialmente, ahora sólo le quedan 6.29 pesos.
Pero además, tiene que pagar el “impuesto a las ganancias” (el cual oscila entre el 9 y el 30% según los casos y del cual los grandes pooles están “exentos...” ). Tomando sólo el 9 % (o sea el mínimo), de los 6.29 ahora ya le quedan 5.63. Pero todavía tiene que pagar el impuesto a la “renta presunta”, a los “bienes personales, el impuesto al cheque, etc. etc.
Dejemos estos otros impuestos y supongamos que finalmente gana los 5.63. Ahora bien, al aplicarle una retención de sólo el 35%, como ésta se aplica sobre el valor final de “venta”, en el ejemplo esto equivaldría a 6.30 pesos por lo cual los 5.63 que le quedaba de ganancia al productor ahora se transforma en –0.67 (menos cero sesenta y siete centavos) y, como se vio, adeudando todavía una serie de impuestos. ¿Se entiende...?
Por otro lado, a la pregunta ¿pero entonces por qué critican los reintegros...?. La respuesta es simple: “el que se quema con leche, ve la vaca y dispara..”. Tanto con De la Rúa, Menem y Kirchner, cuando se anunciaban los mecanismos de reintegros siempre iban a ser ágiles, simples e inmediatos, etc, etc. Lo cierto es que siempre tardaron entre un año y dos, salvo excepciones.
Por eso, el “campo”, en los términos expresados más arriba, no tiene “margen para retroceder”, no por capricho o pulseada “contra” el gobierno”; sino porque –simplemente-, aunque muchos no lo entiendan, lucha por su “subsistencia”, por lo que “le queda...”. Y esto, simplemente, porque no tiene “espaldas” ni rentabilidad para negociar.
En tercer lugar y más allá de lo que pueda salir en el Senado, durante el progreso del conflicto una conciencia se ha madurado: cambiar las “retenciones” (no co-participables) por un devengamiento de la renta agropecuaria en el marco del “impuesto a las ganancias” (co-participable), destrabaría de la mejor manera el conflicto, alentaría a la producción, favorecería a todas las provincias (porque el dinero volvería a ellas), afianzando el federalismo y liberando a los gobernadores de la “dependencia” del Poder Central. Por supuesto, esto es muy improbable de darse.
Como sea, una cosa es cierta: en lo que respecta a los pequeños, medianos y “mediados-grandes” productores, la alternativa que les queda es: “luchar” para progresar, o “ponerse de rodillas”, en el contexto de una promesa de reintegro en la cual no se confía, no por un capricho sino por la experiencia de tiempos pasado.
Hace un tiempo, el 24 de marzo de este año para ser exacto, en una reflexión acerca del campo, de su gente y sus luchas, recuerdo que, sobre el final, decía: “...el campo no es agresivo ni conflictivo, ni para a cada rato por tonterías. Pero son demasiados años de luchas infructuosas y de sacrificios estériles. Cuando le fue bien, no tuvo problema en gastar su plata en su propia zona o región. No llevó plata a bancos de afuera. La gastó en su tierra. Pero cuando el castigo multifactorial se prolonga en el tiempo, entonces, tal vez como ahora, se olvida (probablemente a pesar suyo) de que es manso y tranquilo y se pone de pie... y lucha por lo que le queda....”
Hoy, después de muchos días de aquella nota, después de muchos días de un conflicto lamentable e innecesariamente creciente; después de la media sanción en diputados que convalidó la resolución ministerial 125, después de los dos actos de ayer y a horas de lo que pueda pasar en el Senado de la Nación, quiero quedarme con esa frase final de aquella nota: “.....se pone de pie... y lucha por lo que le queda...”
En este sentido y con toda conciencia de las distintas facciones que componen esa realidad, no del todo definida, que englobamos con la palabra “campo” y que no siempre expresa una misma cosa, queda claro que los grandes pooles de siembra “no encajan” en este concepto; no son –en sentido estricto- “partes del campo”, y hay que saber hacer y entender esta distinción. Tienen derecho a “ganar fortunas” pero también la obligación (al menos moral) de “compartir”.
En este contexto, según me parece, hay algunas cosas por decir.
En primer lugar, desde una perspectiva socio política no es cierta la afirmación de algunos, que han tratado de calificar “al campo” como una especie de “gigante dormido”, que de pronto “despertó”, en un escenario donde él mismo representa “la oligarquía” del país. El “campo” (los productores pequeños, los medianos y los “mediano-grande” –no los pooles) nunca se ha “dormido”. Por el contrario, en los últimos 23 años ha expresado sistemáticamente su preocupación por la ausencia de una política agropecuaria integral en Argentina. La diferencia es que ahora “se cansó....y se puso de pie...”,
En segundo lugar, el “campo” (en los términos expresados más arriba), lejos de intentar una especie de “derrocamiento” de la Presidenta (como lo asegura el discurso oficial), está haciendo sólo lo dicho más arriba: “luchar por lo que le queda...”. Y no interesa si mediaticamente se le cree o no, porque en lo práctico, la 125 significa objetivamente “trabajar a pérdida”, porque grava no un porcentaje de la “ganancia final” sino el importe final del valor de la “venta”.
Como pareciera que ni los más eruditos del kirchnerismo parecen entender esto, confundiendo una y otra vez a la gente, pongamos un ejemplo rápido y genérico, aunque sea tedioso y no adecuado para una nota de opinión: Si producir una tonelada de cualquier cosa le cuesta a un productor mediano 10 pesos y la vende a 18, en principio “parece” que estaría ganando el 80% (con lo cual sería una “renta extraordinaria” según el gobierno). Es decir: invierte 10, vende a 18 y gana entonces 8. ¿Se entiende?
Ahora bien: sobre esos 8 que ganó, tiene que descontarle una serie de impuestos: el Iva, el cual ciertamente es diferencial (no siempre es el 21%). Pero tomando un Iva mínimo, de sólo el 10,5 %, de los 8 pesos que le habían quedado inicialmente, ahora sólo le quedan 6.29 pesos.
Pero además, tiene que pagar el “impuesto a las ganancias” (el cual oscila entre el 9 y el 30% según los casos y del cual los grandes pooles están “exentos...” ). Tomando sólo el 9 % (o sea el mínimo), de los 6.29 ahora ya le quedan 5.63. Pero todavía tiene que pagar el impuesto a la “renta presunta”, a los “bienes personales, el impuesto al cheque, etc. etc.
Dejemos estos otros impuestos y supongamos que finalmente gana los 5.63. Ahora bien, al aplicarle una retención de sólo el 35%, como ésta se aplica sobre el valor final de “venta”, en el ejemplo esto equivaldría a 6.30 pesos por lo cual los 5.63 que le quedaba de ganancia al productor ahora se transforma en –0.67 (menos cero sesenta y siete centavos) y, como se vio, adeudando todavía una serie de impuestos. ¿Se entiende...?
Por otro lado, a la pregunta ¿pero entonces por qué critican los reintegros...?. La respuesta es simple: “el que se quema con leche, ve la vaca y dispara..”. Tanto con De la Rúa, Menem y Kirchner, cuando se anunciaban los mecanismos de reintegros siempre iban a ser ágiles, simples e inmediatos, etc, etc. Lo cierto es que siempre tardaron entre un año y dos, salvo excepciones.
Por eso, el “campo”, en los términos expresados más arriba, no tiene “margen para retroceder”, no por capricho o pulseada “contra” el gobierno”; sino porque –simplemente-, aunque muchos no lo entiendan, lucha por su “subsistencia”, por lo que “le queda...”. Y esto, simplemente, porque no tiene “espaldas” ni rentabilidad para negociar.
En tercer lugar y más allá de lo que pueda salir en el Senado, durante el progreso del conflicto una conciencia se ha madurado: cambiar las “retenciones” (no co-participables) por un devengamiento de la renta agropecuaria en el marco del “impuesto a las ganancias” (co-participable), destrabaría de la mejor manera el conflicto, alentaría a la producción, favorecería a todas las provincias (porque el dinero volvería a ellas), afianzando el federalismo y liberando a los gobernadores de la “dependencia” del Poder Central. Por supuesto, esto es muy improbable de darse.
Como sea, una cosa es cierta: en lo que respecta a los pequeños, medianos y “mediados-grandes” productores, la alternativa que les queda es: “luchar” para progresar, o “ponerse de rodillas”, en el contexto de una promesa de reintegro en la cual no se confía, no por un capricho sino por la experiencia de tiempos pasado.