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jueves, 1 de mayo de 2008

La “Posibilidad” de Trabajar: Una condición necesaria para alcanzar la “Dignidad Personal”


Por Walter Edgardo Eckart


Cuando se aborda el problema de los “ciudadanos argentinos” sin trabajo, los análisis se centran normalmente en determinar los “porcentajes” nacionales o provinciales que miden la tasa de desocupación, la ubicación de la gente sin trabajo en la escala de pobreza, los exorbitantes costos laborales cuestionados por las patronales, la preocupación por el “trabajo en negro”, el otorgamiento de subsidios o “regalías” temporales que buscan favorecer la incorporación laboral, en distintos ámbitos, de personas desocupadas....
Así, frente al flagelo de los “sin trabajo”, de todo se habla, de todo se denuncia, pero muchas cosas se silencian o simplemente se omiten, como por ejemplo, la estrecha relación que existe entre “trabajar” y “construir la propia dignidad personal...”.


En efecto, sólo el que está “sin trabajo” (y no por ser haragán) puede sentir y sufrir las consecuencia personales y familiares que esa situación provoca (aunque no siempre sepa verbalizarlas): cae la” recta auto estima”, crece el sentimiento de “inutilidad” o, lo que es peor, la sensación de haber “fracasado” en la vida. Se acentúa la sensación de haberles “fallado” a sus seres más queridos, y se siente la “impotencia desgarrante” ante tan “increíble” situación.

Es como que se dice a sí mismo: “Yo realmente quiero trabajar, aunque me tenga que “deslomar”; quiero saber que aporto por lo menos “algo” para el pan diario de mi familia, quiero tener una casa, quiero que mis hijos estudien. Quiero trabajar, no importa en qué, pero necesito saber que sirvo para algo...por mí, por mi familia...¿Por qué no tengo esa oportunidad?....¿Qué está pasando?....¿Soy yo el problema...?”.
Es cuando la “percepción” de la propia dignidad entra en tela de juicio, derivando luego en bronca, desconcierto, sentimientos de culpa, de resentimiento, de injusticia...

El Papa Juan Pablo II supo sintetizar el valor “dignificante” del trabajo cuando dijo: “El trabajo es un aspecto, perenne y fundamental, siempre actual y que exige constantemente una renovada atención y un decidido testimonio.
Porque surgen siempre nuevos “interrogantes y problemas”, nacen siempre nuevas esperanzas, pero nacen también temores y amenazas relacionadas con esta dimensión fundamental de la existencia humana, de la que la vida del hombre está hecha cada día, de la que deriva la propia “dignidad específica” y en la que a la vez está contenida la medida incesante de la fatiga humana, del sufrimiento y también del daño y de la injusticia que invaden profundamente la vida social dentro de cada Nación.
Si bien es verdad que el hombre se nutre con el pan del trabajo de sus manos, es decir, no sólo de ese pan de cada día que mantiene vivo su cuerpo, sino también del pan de la ciencia y del progreso, de la civilización y de la cultura, entonces es también verdad cierta que él se nutre de ese pan “con el sudor de su frente”; o sea no sólo con el esfuerzo y la fatiga personales, sino también en medio de tantas tensiones, conflictos y crisis que, en relación con la realidad del trabajo, trastocan la vida de cada sociedad y aun de toda la humanidad...” (Juan Pablo II – Encíclica “Laborem Exercens” – 1981)
En fin... la desocupación no es sólo una cuestión que se pueda expresar en números o estadísticas. Es, más bien, la condición necesaria para que cada persona alcance y consolide su propia “dignidad personal” y desde allí contribuya al bien social.