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miércoles, 14 de mayo de 2008

En las Puertas de una Crisis Alimentaria Global


Por Maria Gloria Mena
Egresada UTN
Universidad Tecnológica Nacional


Unos 6.600 millones de personas habitan hoy nuestro planeta. Paradójicamente, al mismo tiempo que se produce en el mundo entero “todo” lo que ésta población necesita para alimentarse, una de cada ocho personas, sin embargo, se enfrenta cada día a la escasez de alimentos; y una de cada tres está mal nutrida.

¿Cómo entender esta paradoja?
Se la entiende sólo si se considera una “serie de factores” que actúan “conjuntamente”.

En primer lugar y sólo para fijar un marco general, deben tenerse en cuenta los adversos fenómenos climatológicos que en las últimas décadas han castigado duramente a importantes regiones productivas del mundo. Inundaciones, sequías, heladas, tornados, ciclones, etc. Esto, sumado a la degradación de recursos naturales que provoca el hombre, como la desertificación y contaminación del suelo y del agua, que afectan a la superficie sembrada y a los animales, trajo aparejado una significativa disminución en la oferta mundial de alimentos.

Por otra parte, otro elemento interviniente es el aumento del precio de los alimentos, que se ha disparado, alcanzando un alza global del 83% según el Banco Mundial. Este encarecimiento acentúa las condiciones de pobreza de casi 100 millones de personas en los países en vías de desarrollo.
A fines del 2007, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) advirtió que éstas personas tuvieron que pagar por “alimentos importados” un 25% más que el año anterior.
Así, cuanto más alto es el precio, más gente no los podrá adquirir, y morirá joven o enfermará rápidamente, por no poder satisfacer sus necesidades nutricionales básicas.
Hace poco, por ejemplo, en Haití se produjeron violentas protestas por el encarecimiento de los precios de los alimentos, y se teme que situaciones similares se repitan en otras partes del mundo.

En este mismo contexto, en los países más desarrollados, entre “un tercio” y “la mitad” de los alimentos comprados por las familias, son “arrojados a la basura” sin ser consumidos. Al aumentar la demanda de alimentos (innecesariamente, ya que no se consume toda la comida que se compra) y al estar limitada la “oferta”, se crea el caldo de cultivo para que los “grandes especuladores que manejan la provisión de los alimentos” ejerzan más presión sobre los ya ascendentes precios, y así, personas que realmente los necesitan no pueden acceder a ellos.

Por último (y tal vez lo más importante), se debe tener en cuenta que los gobiernos de países en desarrollo “no apoyan lo necesario y suficiente” a la agricultura; y esto es un obstáculo para reducir la pobreza y la inseguridad alimentaria.
El 09 de mayo de 2008, informes del Departamento de la ONU para Asuntos Sociales y Económicos, indican que el “gasto público” en el sector agrícola disminuyó en todas las regiones del mundo, excepto en Asia. Y la reducción en América Latina es la más drástica.
Al no favorecer políticas que fomenten el desarrollo del sector, los gobiernos impulsan a sus pueblos a convertirse potencialmente en “importadores netos”.

Un ejemplo claro (y sobre todo en estos tiempos) es nuestro propio país.
En efecto, Argentina tiene innumerables riquezas naturales, suelos privilegiados para la siembra y gran capacidad productiva de carnes. Además, nos benefician actualmente los ascendentes precios internacionales y el incremento de la demanda mundial. Y, sin embargo, aún así se desalienta la producción interna que hoy satisface la seguridad alimentaria de la población pero que tiene un potencial exportador importante.
El mundo “necesita alimentos”. La Argentina puede satisfacer su demanda interna y aún exportar. Pero en lugar de ello, parece que estamos encaminados increíblemente a la “importación”.

En fin, las soluciones para el hambre y la malnutrición son posibles, pero la mayoría de los gobiernos no las implementan.

En la “Declaración de Roma”, de la Cumbre Mundial sobre Alimentación organizada por FAO en noviembre de1996, numerosos jefes de estado o sus representantes, afirmaron que cada país, cada gobierno debe garantizar “un entorno político, social y económico, estable y propicio” para que la población dedicada a la agricultura, pueda desarrollarse, trabajar y lograr una seguridad alimentaria sostenible. “Los alimentos no deberían utilizarse como instrumento de presión política y económica”. Doce años después, este compromiso incumplido lleva a que una cantidad vergonzosa de seres humanos, sobre todo niños, que mueran innecesariamente cada año.

En este mismo sentido, todo parece indicar que “impulsar la investigación y el desarrollo en el sector agrícola ganadero” es más beneficioso para reducir la pobreza, que la inversión en “cualquier otro sector”.

Como para recordar: El derecho a la alimentación es un derecho humano. En la actualidad, 854 millones de personas pasan hambre cada día.
Que los gobiernos de las naciones con capacidad de producción no sólo omitan implementar “políticas adecuadas”, sino que incluso pongan trabas al desarrollo de la producción alimentaria, no constituye sólo una simple violación a los derechos humanos en términos genéricos, sino que se trata, lisa y llanamente, de un “acto criminal”.

Fuentes consultadas:
* Declaración de Roma sobre Seguridad Alimentaria Mundial de (FAO)
* Alianza Internacional contra el Hambre
* World Day FAO 2007
* Boletín del Consejo de Derechos Humanos de ONU
* BBC Mundo.com