Por Walter Edgardo Eckart
La asamblea de los productores en Gualeguaychú , realizada al costado de la ruta 14 este sábado por la mañana, dejó en claro muchas cosas, pero un rasgo sobresalió: la altura cívica y profundamente democrática con la que todo se realizó. No se exageraría si se entendiera esto como una especie de “clase magistral” de comportamiento democrático.
En efecto, todos sabíamos el difícil contexto en el que las bases y dirigentes locales debían asumir un postura, frente al pedido de las cuatro entidades del agro de “no tomar decisiones que pusieran en peligro el encuentro con el gobierno nacional previsto para el próximo martes”.
En Gualeguaychú, afloraron con más fuerza rasgos y convicciones que ya se habían insinuado desde el principio del conflicto. Aún con la “bronca” escondida en el corazón, los productores se distanciaron abismalmente del gobierno nacional, y pudieron demostrar la “grandeza” de lo “simple”.
Mientras que la Casa Rosada se dedicó a culpar al campo prácticamente de cuanta cosa pasaba en el país, agraviando y provocando a los productores, llamándolos incluso “golpistas”; amenazándolos “informalmente” a través de Moyano y D´Elía, y “formalmente” con un sin número de artilugios; jugando a la lógica del desgaste, prometiendo e incluso firmando acuerdos que sólo servían para ir a “archivo”; buscando siempre “dividir” para triunfar.... mientras esto hacía el poder, el campo se comportó distinto, probablemente sintiendo vergüenza ajena por el papelón nacional y ahora ya conocido por el mundo entero.
En efecto, los productores, tildados en ocasiones de “brutos”, o de “oligarcas”, o de “débiles”, han sabido compatibilizar –desde la unidad y la fortaleza- el “reclamo” con la “prudencia”, apostando a que el gobierno “recapacite” desde lo “razonable” y no desde la “ceguera” que brota de la soberbia irritante que emana del poder.
En poco más de una hora, tras algunos breves mensajes y una “votación” directa por “manos levantadas”, dejaron plasmada su decisión: prolongar la tregua hasta el miércoles a la mañana, para no ser acusados en el futuro de ser “obstáculos” para las negociaciones. Llamar a la reflexión a los gobernadores y legisladores de cada provincia para que -sin falsedades- se definan y elijan qué “camiseta” se van a poner: si la de sus provincias o la de los Kirchner. Expresarle al pueblo argentino que no son sus “enemigos”, al mismo tiempo que mostraron que la “llave” para que todo se arregle la tiene el poder central.
Una cosa queda en claro: no quieren cortar rutas; no quieren que se produzca desabastecimiento; no quieren desestabilizar a nadie; no quieren enfrentarse con el resto de la sociedad. Sólo quieren trabajar.... con ánimo y esfuerzo... pero en el marco de una justa y razonable rentabilidad.
De todos modos, el final de esta historia, bueno, malo o catastrófico está en manos de los Kirchner.
En efecto, todos sabíamos el difícil contexto en el que las bases y dirigentes locales debían asumir un postura, frente al pedido de las cuatro entidades del agro de “no tomar decisiones que pusieran en peligro el encuentro con el gobierno nacional previsto para el próximo martes”.
En Gualeguaychú, afloraron con más fuerza rasgos y convicciones que ya se habían insinuado desde el principio del conflicto. Aún con la “bronca” escondida en el corazón, los productores se distanciaron abismalmente del gobierno nacional, y pudieron demostrar la “grandeza” de lo “simple”.
Mientras que la Casa Rosada se dedicó a culpar al campo prácticamente de cuanta cosa pasaba en el país, agraviando y provocando a los productores, llamándolos incluso “golpistas”; amenazándolos “informalmente” a través de Moyano y D´Elía, y “formalmente” con un sin número de artilugios; jugando a la lógica del desgaste, prometiendo e incluso firmando acuerdos que sólo servían para ir a “archivo”; buscando siempre “dividir” para triunfar.... mientras esto hacía el poder, el campo se comportó distinto, probablemente sintiendo vergüenza ajena por el papelón nacional y ahora ya conocido por el mundo entero.
En efecto, los productores, tildados en ocasiones de “brutos”, o de “oligarcas”, o de “débiles”, han sabido compatibilizar –desde la unidad y la fortaleza- el “reclamo” con la “prudencia”, apostando a que el gobierno “recapacite” desde lo “razonable” y no desde la “ceguera” que brota de la soberbia irritante que emana del poder.
En poco más de una hora, tras algunos breves mensajes y una “votación” directa por “manos levantadas”, dejaron plasmada su decisión: prolongar la tregua hasta el miércoles a la mañana, para no ser acusados en el futuro de ser “obstáculos” para las negociaciones. Llamar a la reflexión a los gobernadores y legisladores de cada provincia para que -sin falsedades- se definan y elijan qué “camiseta” se van a poner: si la de sus provincias o la de los Kirchner. Expresarle al pueblo argentino que no son sus “enemigos”, al mismo tiempo que mostraron que la “llave” para que todo se arregle la tiene el poder central.
Una cosa queda en claro: no quieren cortar rutas; no quieren que se produzca desabastecimiento; no quieren desestabilizar a nadie; no quieren enfrentarse con el resto de la sociedad. Sólo quieren trabajar.... con ánimo y esfuerzo... pero en el marco de una justa y razonable rentabilidad.
De todos modos, el final de esta historia, bueno, malo o catastrófico está en manos de los Kirchner.
